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El Evangelio Meditado

07/16/2008

Como interpretan la Biblia los Católicos

Si damos una hojeada a las distintas culturas y civilizaciones en la historia humana podemos apreciar como el ser humano ha buscado incesantemente al Ser Supremo. Dios en su infinita bondad ha querido manifestársele al hombre como prueba de su amor por él.

La Revelación es la manifestación que Dios ha hecho a los hombres de Si Mismo y de aquellas otras verdades necesarias y convenientes para la salvación eterna. La Revelación también llamada Doctrina Cristiana o Deposito de la Fe se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia recibida de los Apóstoles y los Santos Padres.

Jesucristo confió la Revelación a la Iglesia que el fundo la Iglesia Católica, por medio de los Apóstoles y sus sucesores los Obispos (Magisterio), por lo tanto la Iglesia tiene la obligación de custodiarla, enseñarla e interpretarla sin error. Leer; Juan 21, 15 – 17 & Mateo 28, 18 – 20 El Evangelio de San Juan nos dice que; "muchas otras señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escrita en este libro. Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Crean y tendrán vida en su nombre." Todas esas cosas que no están escritas en la Sagrada Escrituras son las que llamamos Tradición.

La Tradición es la Palabra de Dios no contenida en la Biblia, sino transmitida por Jesús a los Apóstoles y por estos a la Iglesia. (Obispos / Magisterio) Las enseñanzas de la Tradición están contenidas en los Símbolos o Profesiones de Fe, (ej. Credo de los Apóstoles) en los documentos de los Concilios, en los escritos de los Santos Padres de la Iglesia y en los Ritos de la Sagrada Liturgia.


La palabra Biblia proviene del griego “Biblio” que significa colección de libros. En otras palabras la Biblia es una biblioteca Divina. Esta colección de libros por la cual Dios manifiesta su revelación. La Biblia nos muestra la Revelación Divina de una forma esquemática. Se compone del Antiguo Testamento [46 libros] y el Nuevo Testamento [27 libros]. Tanto los libros del AT como del NT se dividen en libros históricos, didácticos y proféticos. La plenitud de la revelación la encontramos en Jesucristo. San Pablo en la Carta a los Romanos nos dice; “Al sobrevenir la Ley, el pecado tuvo más auge, pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y del mismo modo que el pecado estableció su reinado de muerte, así también debía reinar la gracia y después de restablecernos en la amistad con Dios, nos llevará a la vida eterna por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 5, 20 – 21) Jesucristo es el Nuevo Adán como nos dice San Pablo y por él y su gracia divina estamos destinos a la salvación si de verdad creemos en él y seguimos sus mandatos.

El Autor principal de la Biblia es Dios. El autor secundario o instrumental de la Biblia es el escritor sagrado o hagiógrafo. La inspiración bíblica es una gracia específica que concede el Espíritu Santo, por la cual el escritor sagrado es movido a poner por escrito las cosas que Dios quiere comunicar a los demás hombres.

Los libros del AT fueron escritos entre el siglo XV y el siglo II antes de Cristo. Los libros del NT fueron escritos en la segunda mitad del siglo I a finales del primer siglo. Los Libros Sagrados fueron escritos al principio en papiros y más tarde en pergaminos. El papiro es una planta que abunda en Egipto, el pergamino es obtenido de la piel de cabrito y se puede escribir por ambos lados. Originalmente la Biblia estaba en rollos, es decir, largas fajas de papiros o de piel unidas en los extremos a dos bastones en torno a uno de los cuales giraba.

Entre las propiedades que encontramos en la Biblia están la unidad, la inerrancia y la santidad. La unidad entre el Antiguo y Nuevo Testamento, y entre las partes de todos los libros. La inerrancia porque no contiene errores en lo que atañe a la salvación y sobretodo contiene veracidad sobre lo que enseña sobre la salvación. Pero sobretodo la Biblia contiene santidad porque proviene de Dios y nos enseña una doctrina sagrada y nos conduce a la santidad.

Los idiomas originales de la Santa Biblia son el hebreo, arameo y el griego.

En Hebreo se escribió:
- la mayor parte del AT

En Arameo se escribió:
- Tobías
- Judit
- Fragmentos de Edras, Daniel, Jeremías y del Génesis
- El original de San Mateo

En Griego de escribió:
- Libro de la Sabiduría
- II de Macabeos
- Eclesiástico
- Partes de los libros de Ester y Daniel
- Nuevo Testamento, excepto el original de San Mateo

→ Antiguo Testamento [46]
Pentateuco [5] Génesis, Éxodo, Levítico, Números & Deuteronomio – Autor (secundario/instrumental) Moisés
Históricos [16] Josué, Jueces, Rut, I & II Samuel, I & II Reyes, I & II Crónicas (Paralipómenos), Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester y I & II Macabeos.
Poéticos o Sapienciales (Didácticos) [7] Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, El Cantar de los Cantares, sabiduría, Eclesiástico.
Profetas Mayores [6] Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel y Daniel.
Profetas Menores [12] Óseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

→ Nuevo Testamento [27]
Evangelios (Buena Nueva o Buena Noticia) [4] Mateo, Marcos (1ro que se escribió) Lucas & Juan
Los Evangelios aunque contienen hechos históricos fueron escritos con motivos pastorales. Se escribieron de acuerdo a las necesidades pastorales de las respectivas comunidades cristianas.

Hechos de los Apóstoles [1] (Histórico) Autor: San Lucas - Narra cómo vivieron las primeras comunidades cristianas.
Cartas de San Pablo [13] (Didácticas)
o Romanos
o I & II Corintios
o Gálatas
o Efesios
o Filipenses
o Colosenses
o I & II Tesalonicenses
o I & II Timoteo (Pastorales)
o Tito (Pastoral)
o Filemón
Carta a los Hebreos (Didáctica) [1] Autor: Desconocido
Cartas Católicas [7] (Universales) (Didácticas)
o Santiago
o I & II Pedro
o I, II & III Juan
o Judas
Apocalipsis [1] (Profético) Autor – Juan

El Canon Bíblico es el catalogo de los setenta y tres (73) libros del AT & NT que forman la Biblia y que la Iglesia ha declarado como divinamente inspirados. La palabra canon proviene del griego “kanon” y significa regla, estándar o síntesis. El Canon garantiza cuales son los Libros Sagrados y cuales son apócrifos o dudosos. Es la Iglesia (no los libros) quien da la regla para saber cuáles son incluidos. La Iglesia (Magisterio) es por tanto la autoridad que nos da la Biblia y la discierne por la gracia que otorga el Espíritu Santo. El canon de la Iglesia Católica establece 46 libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento.

En el año 1534 Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán y agrupo los siete libros deuterocanónicos bajo el título de “apócrifo”, señalando: “Estos libros que no se tienen por iguales en las Sagradas Escrituras y sin embargo son útiles y buenos para leer.” Es así como los protestantes llegaron a considerar a los deuterocanónicos como libros no aceptados en el canon, o sea como libros apócrifos. Tobías, Judit, Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas), Daniel (protocanónico con partes deuterocanónicas), I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (también llamado Sirácides) y Baruc fueron los libros del AT considerado por Lutero y los protestantes como apócrifos.

La pregunta queda en el tintero, ¿Cómo interpretamos los católicos la Palabra de Dios? El Magisterio es la autoridad de la Iglesia, investida a los obispos como sucesores de los Apóstoles, para enseñar la fe bajo la autoridad del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro, Vicario de Cristo y cabeza visible de la Iglesia Católica. El magisterio incluye la enseñanza de la Doctrina, la moral y las costumbres.

Los católicos obedecemos al magisterio porque es la autentica interpretación de la Palabra de Dios encomendada por Jesucristo al Papa y a los Obispos en comunión con él. Jesús dijo: “El que a ustedes escucha a mi me escucha.” (Lucas 10, 16) Todas las enseñanzas del magisterio son importantes y dignas de ser recibidas con obediencia.

La Infalibilidad es el carisma por el que la Sede de San Pedro (el Papa) siempre permanece libre de error alguno, según la promesa de nuestro Divino Salvador hecha a Pedro. “Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos.” (Lucas 22, 32)

Las Verdades que la Iglesia enseña como de Fe son aquellas sobre las que se tienen certeza de que son infalibles (sin posibilidad de error) porque están amparadas por la promesa de Cristo: “Quien le escucha a ustedes, me escucha a mí; y quien les rechaza a ustedes me rechaza a mí, y el que me rechaza a mí, rechaza a quien me ha enviado.” (Lucas 10, 16) La promesa de Cristo no puede fallar. Estas verdades requieren de los católicos el asentimiento de la fe. Es decir, la virtud sobrenatural de la fe, porque tenemos fe en Cristo y su promesa de enseñar por medio de la Iglesia. Estas verdades obligan a los católicos bajo pena de romper nuestra comunión con la fe verdadera.

¿Cómo podemos saber si una enseñanza es de fe? Para esto tiene que tener los tres niveles del Magisterio.

- Una definición infalible del Papa. "El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio Episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclaman por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral." (CIC # 891)

Retomemos algunos puntos; “Como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos…” Cuando el Papa habla en calidad de persona privada, o se dirige solo a un grupo y no habla a la Iglesia Universal, no goza de infalibilidad. "Proclama por un acto definitivo la doctrina…" Cuando el Papa claramente expresa que la doctrina es definitiva, no puede cambiar y es infalible.

Al ejercicio especial y explicito de infalibilidad Papal se le llama un pronunciamiento ex-cathedra. Cuando el Sumo Pontífice habla desde su silla (cathedra) de autoridad, como cabeza visible de todos los cristianos, sus enseñanzas no dependen del consentimiento de la Iglesia y son irreformables.

- La enseñanza del Magisterio Episcopal en comunión con el Papa. Esto ocurre cuando los Obispos enseñan verdades definitivas de la fe y la moral en comunión con el Papa. Esto se da de manera especial,
cuando se reúnen en concilio. “La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio del Magisterio supremo que algo se debe aceptar como revelado por Dios para ser creído y como enseñanza de Cristo, hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de fe. Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación Divina.” (CIC # 891)


- El magisterio ordinario del Papa, cuando este expresamente ejerce un juicio definitivo en materia de fe o moral que antes era debatida.

En casos como este, lo que el Papa enseña está amparado por las promesas de Cristo en Lucas 10, 16 y por lo tanto es infalible porque su promesa no puede fallar. Estos juicios definitivos pueden darse en una encíclica u otro documento pontificio.

- Pronunciamientos que no son infalibles, no requieren el asentamiento de fe pero si una sumisión religiosa de la voluntad y del entendimiento. (Cf. Canon 752 Nuevo Decreto del Derecho Canónico) “Esta religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento, de modo particular se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex-cathedra; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él según la mente y voluntad que haya manifestado el mismo y que se descubre principalmente, ya sea por la índole del documento, ya sea por la insistencia con que se repite una misma doctrina, ya sea también por fórmulas empleadas.” (Lumen Gentium 25; Cf. Decreto de Derecho Canónico # 752)

La Hermenéutica Bíblica es la ciencia que estudia o trata las normas para interpretar rectamente los Libros Sagrados. La Iglesia Católica es la única capacitada para interpretar auténticamente (con pleno derecho y sin posibilidad de equivocarse) las Sagradas Escrituras porque Dios le confió solamente a ella la misión de guardar, enseñar y aclarar a los fieles su Palabra.

Es común escuchar la expresión de que todas las biblias son iguales. La verdad es que esta expresión no es cierta. No es recomendable leer cualquier Biblia ya que hay versiones que contienen errores doctrinales o de índole moral. Para evitar esos errores un católico sólo debe leer Biblia con notas y explicaciones aprobadas por la Iglesia Católica, es decir que digan “Nihil Obstant” e “Imprimatur”. El Nihil Obstant es la firma del censor eclesiástico (por lo regular es un sacerdote), el mismo verifica que no hayan errores en materia de fe en lo que se haya escrito. El Imprimatur es la firma de un obispo que verifica y certifica en forma definitiva que no hay ningún error en materia de fe en lo que se ha escrito.

Algunas de las ediciones de Biblias Protestantes son:

Reina-Valera: primeras versiones fueron en el 1569 y 1602 y se conocían como Biblia Clásica del protestantismo español y latinoamericano.

Dios habla hoy: Sociedades Bíblicas Unidas con dos versiones una sin los deuterocanónicos y otra con los deuterocanónicos. Esta última tuvo el visto bueno del CELAM (Conferencia del Episcopado Latinoamericano)

Biblia anotada de Scofield: con el texto de Reina-Valera pero con introducciones y comentarios traducidos de una Biblia inglesa preparada en 1909 por C. I. Scofield. Es una edición adaptada por las Iglesias Evangélicas, con mentalidad liberalista y típicamente anticatólica. Asimismo titulada La Biblia al día (paráfrasis), sin los deuterocanónicos y algunas paráfrasis inexactas y anticatólicas (por ejemplo Mateo 6, 5 – 7 y Romanos 9, 5)


Algunas de las ediciones de Biblias Católicas más conocidas son:

Biblia de Jerusalén: Se llama así sencillamente por haber sido preparada por un numeroso equipo de internacional de biblistas, bajo la dirección de la famosa Escuela Bíblica de Jerusalén. Apareció primeramente en francés en el año 1956, de la que se sacó la primera edición española en el 1967 y en el 1975 la segunda, revisada, mejorada y aumentada.


Biblia Latinoamericana: Se le conoce con este nombre, ya muy popularizado, a la edición de la Biblia preparada por un equipo latinoamericano de pastoral bajo la dirección de Ramón Ricciardi y Bernardo Hurault. Ya han salido más de 76 ediciones de esta Biblia.

Biblia Nácar-Colunga: Primera traducción católica de la Biblia completa hecha de las lenguas originales, marcando así una nueva etapa. Se le considera de gran limpieza, claridad y pureza de estilo. Editada en la Biblioteca de Autores Cristianos en 1944 continúa disponible hoy en día en prácticamente todas las librerías católicas. Las notas se han ido reduciendo y no son particularmente fáciles de manejar en las últimas ediciones debido a que se han colocado hasta el final del libro. Ha tenido una gran difusión esta versión.

Biblia del Peregrino: Publicada en el año 1993. Dirigida por Luís Alonso Schöekel, presenta la revisión de la traducción de la Nueva Biblia Española. Aunque reconoce la primacía de importancia a la traducción, contiene comentarios y paralelos. En un cuaderno aparte se ofrecen las explicaciones o notas exegéticas.


La Iglesia recomienda la lectura de la Santa Biblia porque es alimento constante para la vida del alma, produce frutos de santidad, es fuente de oración, es gran ayuda para la enseñanza de la doctrina cristiana y es un excelente recurso para la predicación. El Concilio Vaticano II “exhorta a todos los fieles con insistencia a que por la frecuente lectura de las Escrituras, aprendan la ciencia eminente de Cristo.” (Constitución Dei Verbum # 25)

Las disposiciones que hay que tener para leer y estudiar la Biblia son:
- Fe y amor a la Palabra de Dios
- Intención recta
- Piedad y humildad para aceptar lo que Dios dice.

Es recomendable leer los Evangelios diariamente durante unos cuantos minutos. San Jerónimo decía: “Lee con mucha frecuencia las Divinas Escrituras, es más, nunca abandones la lectura sagrada.” A la luz de las enseñanzas de la Iglesia, la Biblia nos permite conocer el modo de salvarnos y reconciliarnos, y eso sólo puede lograrse conociendo, amando y encarnando la vida de Jesucristo.
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