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03/27/2009

¿Qué sabemos de la Biblia? (Quinta Parte)

Durante todo el trayecto de este artículo en el cual trato de explicar unos puntos fundamentales para poder entender lo que es la Biblia. Estos puntos ya explicados en las intervenciones anteriores son los eventos, tradición oral, tradición escrita, edición y la canonicidad. Todos están íntimamente ligados porque han marcado la ruta para determinar lo que es la Biblia tal como la tenemos en la actualidad. En esta última intervención de este artículo “¿Qué sabemos de la Biblia?” explicaremos los que es la inspiración y la revelación divina.

Es muy común escuchar decir que Dios es el autor de la Biblia. Claro está, que esto no significa que Dios haya tomado la pluma y escrito directamente sobre el papiro. Cuando se usa la palabra inspiración tampoco significa que le haya dictado letra por letra al hagiógrafo o autor humano. Por el contrario la inspiración se refiere a un contexto mucho más amplio como referirse solo al autor humano. La inspiración (ayuda que Dios en percibir y en entender) es reclamada que ocurre en cada uno de los procesos (los eventos, tradición oral, tradición escrita, edición y la canonicidad) que llevaron a su plenitud lo que es la Biblia.
En primer lugar, las generaciones originales que experimentaron los eventos viviendo su vida cotidiana pero con una presencia de Dios poderosa y presente.  Mediantes estos eventos Dios se fue revelando así mismo a la comunidad. Luego, aquellos en la comunidad que estaban disponibles a interpretar los eventos religiosamente y pasaban estos a la tradición oral se consideraban inspirados. Los narradores de cada generación que nutrían la fe de sus contemporáneos por medio de la tradición oral eran inspirados. Aquellos que comenzaron a escribir las narraciones eran también inspirados. Aquellos que editaron las tradiciones (oral & escrita) heredadas también eran inspirados. En resumen, todos aquellos de cada generación quién encontró a sí mismo anhelo para oír de su Dios, y que encontró ese anhelo satisfecho en las narraciones inspiradas de sus antepasados y sus contemporáneos, fue inspirado. Estas son las personas quienes recibieron la Palabra y que fueron instrumento para que esta llegue a ser canoníca.
Últimamente puede que pensemos en nosotros mismos como inspirados. Es solamente bajo la efusión del Espíritu Santo y la guía de la Iglesia (Magisterio del Iglesia) que después de escrudiñar (estudio profundo) las Sagradas Escrituras que podemos entender la revelación que estas contienen.
Ahora bien, ¿Qué es la revelación? Es la forma en que Dios se le fue manifestando a pueblo de Israel por medio de los eventos (hechos). Para los cristianos Jesucristo es la culminación y eje central de toda la revelación. La Iglesia nos enseña que dos son las fuentes de la revelación divina; la Biblia y la tradición apostólica. Estas componen las Sagrada Escrituras en todo su contexto. Contrario a los que dicen y creen muchos protestantes que solo la Biblia contiene la revelación de Dios veamos lo que nos dice San Juan en su Evangelio; “Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre” (Juan 20, 30 – 31) Todas esas otras cosa que realizo Jesús y que no están escritas la Iglesia las ha mantenido viva desde los mismos apóstoles.
Espero que estas reflexiones nos ayuden a crecer en conocimientos y nos sirvan como instrumento en el conocimiento de nuestra fe. Cualquier duda o pregunta siéntanse en plena confianza de consultar a este su servidor en Cristo Jesús.
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