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El Evangelio Meditado

12/19/2009

El Espíritu Santo en mi vida & nuestras vidas (Segunda Parte)

Antes que nada mí muy apreciado lector quiero disculparme contigo por la demora en escribir esta segunda parte de este artículo. La primera parte de este artículo la escribí en el mes de octubre del 2009. Pongo el enlace de la Primera Parte para poder darles el beneficio de seguir la temática.

Anteriormente pudimos apreciar algunas imágenes que la Sagrada Palabra de Dios nos brinda sobre el Espíritu Santo. Estas imágenes y símbolos por si solo no es el Espíritu Santo (ver CIC # 694 – 701) pero representan aspectos importantes de la identidad y funciones del Espíritu, expresan atributos de una persona que no tiene cara. De la misma forma que Jesús trataba y hablaba del Padre (como persona) así también trataba el Espíritu Santo. El Espíritu Santo que el Padre envío en nombre de Jesús (Jn. 14, 26) es el otro Paráclito y persona que nos enseña todo y nos recuerda lo que Jesús nos dijo.

Esto es algo que no solo sucedió con los apóstoles y los primeros discípulos sino que ha estado (y seguirá) sucediendo en la Iglesia durante toda su historia. Esta acción la podemos visualizar más concretamente en todos los concilios de nuestra Iglesia Católica. De igual forma, esta acción del Espíritu Santo se da cuando el Santo Padre como Magisterio y Cabeza visible de la Iglesia habla en carácter infalible sobre cualquier asunto de fe o moral cristiana. Los obispos de la Iglesia en plena comunión con el Santo Padre al ejercer su magisterio es otra muestra que el Espíritu Santo nos sigue recordando lo que Jesús nos dijo y enseñó.

¿Quién es ese Paráclito? El Espíritu Santo es un “actor” (galán de nuestra vida cristiana) o sea la persona que actúa… que actúa en nombre de Cristo. La palabra ‘paráclito’ proviene del griego; significa defensor, mediador, intercesor, confortador, consolador. Podemos leer en Evangelio de San Juan (Jn. 14, 16) como Jesús nos dice que rogara al Padre para que envíe a otros Paráclito. ¿Quién es el primer Paráclito? No tenemos que buscar muy lejos, es Jesús. Espíritu Santo una especie de un segundo Emanuel (Dios con nosotros) que mantiene vivo el resplandor de una forma u otra en nuestra Iglesia Católica.

El Consolador que Jesús oro es maestro que continua la instrucción de la Iglesia que comenzó Jesús. “Todavía tengo muchas cosas que decirles, ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, el los introducirá en toda la verdad, no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído les anunciará lo que irá sucediendo” (Jn. 16, 12 – 13). Los Católicos, Ortodoxos y Anglicanos al proclamar nuestra fe (en la liturgia o Misa) rezamos; “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.” Esta es la proclamación de fe que la Iglesia Católica reafirmo por medio de los Concilios de Nicea y Constantinopla en los año 325 y 381 respectivamente.

Por medio del Sacramento del Bautismo recibimos la misión de ser (a ejemplo de Cristo) sacerdotes, reyes y profetas. Esto es posible en primer lugar porque el Espíritu Santo actúa en los miembros de la Iglesia. De la misma forma que el Espíritu Santo nos confiere la Gracia Santificante en nuestro Bautismo también nos da las herramientas que hacen mover y dejar que esa misma gracia actúe en nosotros. El Paráclito hace que por medio de Cristo (único y eterno Sacerdote) nuestro sacerdocio (el ordenado o ministerial y el común de los fieles) sea uno de pleno ofrecimiento de sacrificio (eucarístico y el de nuestra propias vidas). Ese espíritu mediador e intercesor es el que nos hace comprender que el reinado para que sea plenamente autentico tiene que ser uno de servicio incondicional tal como Cristo lo hizo. Ese mismo espíritu que envío lenguas de fuegos en Pentecostés y que nos bautiza con fuego (Confirmación) hace que seamos profetas que como Cristo anuncio la justicia y denuncio el mal (pecado) y le dejo saber sus consecuencias al ser humano.
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