Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos. Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde.
La Iglesia Católica nos enseña que hay siete Sacramentos. Entendiendo que sacramento es un signo sensible y palpable (5 sentidos) eficaz de la gracia (que confiere la Gracia Santificante) instituido por Cristo (bajo la administración de la Iglesia) para la salvación del hombre. En forma análoga podemos decir que hay dos sacramentos (signos) fundamentales. “Porque Dios amó tanto al mundo,16 que entregó a su Hijo único16 para que todo el que cree en él no muera,16 sino que tenga Vida eterna” (Juan 3, 16). Jesús es el principal sacramento (signo) de ese amor que Dios Padre le tiene al género humano. Cristo obediente a la voluntad del Padre funda la Iglesia como ese segundo fundamental sacramento [signo] para continuar su presencia y su trabajo (obra, acción) salvadora y redentora para este mundo. De estos dos sacramentos fundamentales, Cristo y la Iglesia provienen nuestros sietes sacramentos que son los más privilegiados y las más poderosas acciones en la liturgia de la Iglesia.
Como hemos podido apreciar, ser bautizado es poner a un lado la noción de que nuestra relación con Dios es exclusiva, individual o un asunto privado. La Iglesia hace su trabajo en su liturgia y sacramentos de forma tal que la acción salvadora de Cristo continua para que el mundo conozca: “La misión del Espíritu Santo en la Liturgia de la Iglesia es la de preparar la Asamblea para el encuentro con Cristo; recordar y manifestar a Cristo a la fe de la asamblea de creyentes; hacer presente y actualizar la obra salvífica de Cristo por su poder transformador y hacer fructificar el don de la comunión en la Iglesia” (CIC 1112).
La liturgia y los sacramentos son grandes tesoros de la Iglesia. Sin embargo estos (liturgia y sacramentos) son tesoros que permanecen escondidos. Más aun, hay muchos dentro de la Iglesia que no sacamos provecho de ellos.
Para recapitular, hay que tener en cuenta que ser bautizado implica vivir en comunidad. Mi bautismo no me debe llevar a un individualismo sino vivir mi compromiso de cristiano como parte integrar de esa asamblea (= iglesia) o comunidad que el mismo Cristo fundó. La liturgia debe tener como meta trabajar por nuestra redención. La liturgia hace algo en nosotros y por nosotros. Tanto la liturgia como los sacramentos son respuestas humanas pero no podemos olvidar que la liturgia es la acción de Cristo.
Tenemos la liturgia por la misma razón que tenemos la Iglesia; para llevar y continuar la acción (trabajo) de manifestar la gracia de Cristo muerto y resucitado. La liturgia y los sacramentos son en primer lugar y tiempo cuando cielo (= presencia de Dios) y tierra se juntan. La Iglesia hace cosas humanas en nombre de Jesucristo.
En el artículo anterior (¿Qué es la liturgia?) mencionamos que la liturgia es trabajo (acción) y trabajo del pueblo de Dios. Explicamos también que la liturgia es poner en práctica lo que el pueblo de Dios cree. La liturgia es el trabajo porque demanda completa y activa participación por medio de la preparación, el compromiso y la acción. Ahora quiero enfocar lo que es la liturgia como trabajo o acción perfecta del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Sería difícil exagerar la idea de que la liturgia es la obra de la gente. Como ya se mencionó que la liturgia es la acción de todo el pueblo de Dios según ejercitamos y compartimos el sacerdocio de Cristo. Cuando mencionamos todo esto (que es muy cierto) no podemos descuidar el otro lado de la moneda. La liturgia es la acción del pueblo de Dios, pero antes de eso es la acción del mismo Dios.
Esta dualidad o entendimiento reciproco de la liturgia como Acción de Dios y acción del pueblo - como ofrecimiento divino y respuesta humana – será ese constante elemento de discusión de la liturgia de la Iglesia y sus sacramentos. Es una realidad, una forma en la que podemos describir la liturgia y los sacramentos es indicando que ellos tienen momentos especiales cuando lo divino y lo humano se unen, cuando lo invisible toma forma y permite ser visto, experimentado, entendido y respondido (nuestra oración y suplicas a Dios).
Liturgia como la acción de Dios Padre
Las líneas introductorias de la Carta a los Efesios, San Pablo comienza su alocución bendiciendo a Dios porque él nos escogió en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos y libres de culpa (ver Ef. 1, 4). El griego original en esta carta es aun más significante porque especifica lo que Dios hiso por nosotros en Cristo; somos hijos de Dios porque nos adoptó. Como veremos en nuestra discusión de bautismo de infantes, el concepto de adopción de hecho es espléndido.
El Padre es fuente de la liturgia. La primera persona de la Trinidad es el Padre – el proveedor, el dador – de todas las bendiciones que recibimos. “En la Liturgia de la Iglesia, la bendición divina es plenamente revelada y comunicada: el Padre es reconocido y adorado como la fuente y el fin de todas las bendiciones de la Creación y de la Salvación; en su Verbo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros, nos colma de sus bendiciones y por él derrama en nuestros corazones el Don que contiene todos los dones: el Espíritu Santo” (CIC 1082).
La liturgia es la fuente y la cumbre de toda la actividad de la Iglesia. El Padre no es solo la fuente sino la meta. Para la liturgia y los sacramentos son antes que nada, nuestra respuesta al amor de Dios y a su acción. Por medio de la liturgia celebramos las bendiciones que recibimos de parte de Dios. Por medio de la liturgia ofrecemos a Dios nuestra gratitud, alabanza y acción de gracias (= eucaristía) – y continuamos creciendo en la gracia de Dios. Nuevamente, visualizamos una doble dimensión, la acción reciproca, siempre presente en nuestras celebraciones litúrgicas; nuestro reconocimiento de lo que se nos ha dado y nuestra respuesta a esos dones.
Para poder saber lo que es la liturgia debemos antes poder contestar tres preguntas fundamentales. ¿Por qué es importante para la Iglesia tener una liturgia? ¿Cuál es el propósito de la liturgia? ¿Quién está envuelto en la liturgia de la Iglesia? Estas tres preguntas son imprescindibles para poder comprender y vivir lo que en realidad debe ser la liturgia. Espero que según vayamos reflexionado lo que es la liturgia podamos ir contestando estas tres preguntas. No solo contestarlas sino que podamos corroborarlas de forma tal fluya naturalmente en nuestra reflexión y meditación sobre la liturgia.
Cuando el Papa Juan XXIII anunció su intención de convocar el Concilio Vaticano II en enero del 1959. En sus palabras expresaba que dicho concilio tenía que ser uno pastoral y que este concilio no tenía la intención de definir nuevas doctrinas (dogmas) o presentar nuevas enseñanzas. Expresaba que este concilio tenia o debía tener como propósito explicar cómo los católicos hemos de vivir nuestra fe en el mundo de hoy. La Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) Sobre la Sagrada Liturgia publicada el 4 de diciembre de 1963, fue el primer documento promulgado por el concilio. Este documento fue publicado para mostrar cuán importante es la liturgia en la vida pastoral de la Iglesia. El párrafo introductorio de este documento nos refleja esta convicción: “Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia. Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia” (SC # 1).
Una vez leemos esta introducción en esta constitución de este concilio podemos encontrar una breve explicación de la importancia de la liturgia en la Iglesia: “En efecto, la Liturgia, por cuyo medio ‘se ejerce la obra de nuestra Redención’, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía, contribuye en sumo grado a que los fieles expresen en su vida, y manifiesten a los demás, el misterio de Cristo y la naturaleza auténtica de la verdadera Iglesia” (SC cf. # 2). ¡Ciertamente la liturgia es de mayor importancia! Por medio de La liturgia logra el trabajo (obra) de nuestra redención en Cristo Jesús. La palabra liturgia proviene del griego leitourgía que significa obra (trabajo) del pueblo. Como es el caso de muchas palabras religiosas o teológicas que usamos hoy día, la palabra liturgia tenía un significado secular o político. Se refería al trabajo público como podría ser un proyecto de construcción. En la sociedad helénica el término liturgia se refería a las obras (acciones) que algún ciudadano hacía en auxilio del pueblo o al desempeño militar y político, etc. A la facultad de esas actividades se le llamaba aleitourgesía. Este significado secular de la palabra liturgia nos puede brindar luces en el uso (religioso y teológico) que le damos actualmente. Nuestra liturgia católica la debemos entender como “el trabajo publico que hacemos en beneficio de los demás.” No es solamente apropiado sino que nos puede ayudar a entender que debe significar para nosotros la liturgia y porque realizamos la liturgia. Vamos a tratar de explicar que es la liturgia es el trabajo de la gente.
Ordinariamente, no solemos pensar en la liturgia como trabajo. Desafortunadamente muchas veces para muchas personas la liturgia es todo menos trabajo. Piensan que la liturgia solamente es sentarse en el templo y escuchar la homilía. Algunos pueden pensar que se trata solamente de recibir el (algún) sacramento o recibir la bendición por parte del sacerdote. Pero visualizar la liturgia como trabajo… ummm! Según el diccionario de la real academia española “trabajo” es definido como “obra, resultado de la actividad humana ya sea física o mental” también lo define como “acción y efecto de trabajar o sea estar empleado para realizar alguna función.” Estas son definiciones seculares pero nos pueden sugerir algo importante acerca de la “santificación del trabajo” y la “santificación del empleado” que es fundamentalmente lo que debe ser la liturgia y lo que la liturgia demanda de nosotros (todo bautizado).
La liturgia es trabajo, es algo que hacemos. La liturgia es actividad, un ejercicio que requiere esfuerzo, no mera observación. ¿Qué es (cuál es) el trabajo en la liturgia? Celebramos la liturgia porque creemos en ciertas cosas o aspectos sobre Dios, la Iglesia y sobre nosotros mismos (los seres humanos). Celebramos la liturgia porque queremos que estas cosas que creemos sean conocidas. Cuando decimos que la Iglesia celebra la liturgia queremos decir que la Iglesia pone en práctica lo que ella profesa y cree. El trabajo de la liturgia es nuestra participación en el trabajo de Dios. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) “La palabra ‘Liturgia’ significa originariamente ‘obra o quehacer público’, ‘servicio de parte de y en favor del pueblo’. En la tradición cristiana quiere significar que el Pueblo de Dios toma parte en ‘la obra de Dios’ (cf. Jn. 17,4). Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella y por ella, la obra de nuestra redención” (CIC # 1069). Nuestra liturgia es trabajo porque es nuestro ‘empleo’ y función o usando un vocabulario religioso, es nuestra vocación o llamado.
La liturgia es el trabajo de todos los creyentes. El Concilio Vaticano II claramente distingue el sacerdocio ministerial u ordenado del sacerdocio común de los fieles (ver Lumen Gentium [LG] # 10). Insiste que todos los católicos por virtud del bautismo participamos en cierto modo del sacerdocio de Cristo. Fundamental para la renovación de la liturgia iniciada por el concilio es la noción que la liturgia de la Iglesia es el trabajo de toda la Iglesia. El SC nos describe la liturgia como “el ejercicio del oficio sacerdotal del Cristo Jesús" (ver SC # 7). La liturgia no es propiedad o dominio del clero y el Concilio Vaticano II nos insiste que: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cristiano, "linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido" (1 Pe., 2, 9; cf. 2, 4 – 5)” (SC Cf. # 14). La liturgia de puede ver como el trabajo del pueblo porque cada congregación comparte en Cristo sus propias oraciones al Padre (ver CIC # 1073). Adicionalmente la liturgia es al trabajo del pueblo de Dios cuando ellos comparten y ejercen el oficio sacerdotal del Cristo. La liturgia es el trabajo más importante – el empleo más importante – que los católicos podemos hacer. Nos dice el Constitución Sacrosanctum Concilium Sobre la Sagrada Liturgia que: “Con razón, pues, se considera la Liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo Místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdotes y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia” (SC cf. # 7).
La celebración litúrgica ciertamente debe tener un principio y final como de igual forma es la vida. Recordemos que Cristo es el Alfa y el Omega (principio y final). El CIC nos recuerda que la liturgia debe estar precedida por la evangelización, la fe y la conversión. Estos deben producir frutos en la vida de fe, nueva vida en el Espíritu, participación en la misión de la Iglesia y servir para la unidad (ver CIC # 1072). La liturgia es labor (obra, trabajo etc.) porque demanda preparación, compromiso y acción. Para entender la verdadera naturaleza y propósito de la liturgia necesitamos darnos cuenta que nuestras vidas deben ser diferentes fuera de la iglesia porque lo que hacemos cuando estamos en la iglesia. Los Evangelios son claros: religión – crecer en santidad – no es simplemente acerca de la relación con Dios. Cuando le preguntaron a Jesús cual era el más grande de los mandamientos, el mencionó dos: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (ver Mateo 22, 36 – 39). Los cristianos no tenemos que escoger o hacer distinción en un amor o el otro. Debemos concentrarnos en practicar ambos. Porque es concerniente a la práctica de estos dos amores (Dios y el prójimo) que hemos de ser juzgados.
¿Qué es liturgia? La liturgia es el trabajo (acción) del pueblo de Dios. La liturgia es poner lo que el pueblo de Dios cree en práctica. La liturgia es el trabajo porque demanda completa y activa participación por medio de la preparación, el compromiso y la acción.