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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

23 nov. 2008

La Moralidad Cristiana como estilo de vida

Para hablar de moralidad cristiana es muy conveniente definir algunos términos. De este modo podremos entender mejor de que estamos hablando. Mucha gente piensa que moral y ética es lo mismo. Etimológicamente si pueda que sea lo mismo pero desde un enfoque cristiano hay algunas diferencias en estos términos que vamos a ir explicando.

En primer término hay que definir que es moral. Como suelo decirles a mis estudiantes de catequesis (adultos) ¿con que se como eso? Se le echa un poco de aderezo como una ensalada. La palabra moral viene del latín “morris” y significa costumbres. Ética por su parte viene del griego “Ethos” también significa costumbres. ¿Cuál es entonces la diferencia entre una y otra? Ética es una ciencia (estudio o tratado) de la conducta humana, que basada en la razón natural, ordena los pensamientos y actos hacia el bien tanto personal como el de la sociedad (colectivo o comunitario). La moral es aquella parte de la Teología que estudia los actos humanos, considerándolos en orden a su fin sobrenatural. La moral ayuda al hombre a guiar sus actos, es una ciencia práctica. El hombre necesita de una norma objetiva que le indique lo que debe hacer y lo que debe evitar para poder alcanzar su fin: la salvación. La moralidad es el conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social determinado que oficia de guía para el obrar, es decir, que orienta acerca del bien o del mal — correcto o incorrecto— de una acción.

Los actos humanos que se pueden evaluar moralmente son aquellos que el hombre desarrolla con conocimiento, deliberación y libertad. Con la asistencia de la razón y la voluntad libre el hecho se convierte en acto humano como tal. Se evalúa y valora su moralidad sobrenatural porque son los que acercan o alejan al hombre de su posibilidad de alcanzar la vida eterna. Si observamos a nuestro alrededor podemos apreciar que hay distintos tipos de comportamiento en el ser humano. Algunos de estos hacen que este ser creado a imagen y semejanza de Dios pierda la brújula y entre en conductas basadas en postulados morales que están equivocados. La moralidad cristiana es algo que está en el aliento de Dios y esto hace que no haya posibilidad de error cuando se sigue tal como está establecida.

Cuando hablamos de moralidad cristiana de ante mano hemos de suponer que estamos hablando de un plano más alto que todo lo cotidiano en nuestra vida. Pero siendo la moralidad cristiana algo de mayor trascendencia el modo que Dios nos ha dejado para entenderla suele ser muy viable a nuestro conocimiento humano. En los párrafos a continuación quiero desarrollar una serie de puntos sobre los cuales debe estar fundamentada nuestra moralidad cristiana.

En primer lugar la moralidad cristiana debe ser una respuesta. Una respuesta rotunda y definitiva al Amor de Dios. San Juan en primera carta (ver capítulos 4 & 5) nos da una catequesis sobre el amor de Dios para con nosotros. Si a una conclusión infalible podemos llegar es que Dios es Amor. Yo se que en muchas ocasiones nos hemos preguntado; ¿cómo Dios nos ama? Como suelo decir en mis clases (charlas, temas, etc.) Dios nos ama graciosamente… o sea por medio de la Gracia. San Pablo nos da unas pistas sobre esto en su carta a los Efesios; pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo – ¡ustedes han sido salvados gratuitamente!– y con Cristo Jesús nos resucitó y nos hizo reinar con él en el cielo. Así, Dios ha querido demostrar a los tiempos futuros la inmensa riqueza de su gracia por el amor que nos tiene en Cristo Jesús. Porque ustedes han sido salvados por su gracia, mediante la fe. Esto no proviene de ustedes, sino que es un don de Dios; y no es el resultado de las obras, para que nadie se gloríe. Nosotros somos creación suya: fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras, que Dios preparó de antemano para que las practicáramos (Ef. 2, 4 – 10).

Por otro lado, tenemos que tener muy presente que el Amor de Dios es sumamente poderoso y transformativo a la misma vez. El libro del Éxodo (Ex. 3, 7 – 8) nos muestra eso poderío en cuanto al Amor de Dios se refiere. Este libro del Antiguo Testamento nos narra como Dios escucha, actúa, libera y transforma la situación de esclavitud de su pueblo escogido a una llena de grandes compensaciones. De igual forma, cuando leemos la historia del buen ladrón crucificado al lado de Jesús (Lucas 23, 39 – 43) podemos apreciar ese amor incondicional de Dios para con nosotros sus hijos. El Amor de Dios no es algo pasivo por el contrario es un “verbo” o sea una constante acción. Es por esta razón que mi amor hacia Dios lo tengo que demostrar por medio el amor a mi prójimo por medio de la caridad fraterna. La caridad es el amor hecho acción.

Hemos de entender la moralidad cristiana como vida en el Espíritu. El Espíritu Santo tiene la fama de ser el olvidado a lo largo de la historia de la Iglesia. Sin embargo, tanto el Concilio Vaticano II como el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) han tratado de corregir esta situación. El CIC nos detalla con toda claridad que somos parte de esa fuerza; “La persona humana participa de la luz y la fuerza del Espíritu divino. Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecido por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y el amor de la verdad y del bien” (cf. GS 15, 2) (CIC # 1704).

Estamos llamados y autorizados a continuar la misión y el ministerio de Jesucristo en nuestro diario vivir. Es el Espíritu de Dios quien hace que este llamado sea posible. “Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado” (Romanos 5, 5). Nuestra fe nos invita a creer al mismo tiempo que recibimos el don del Espíritu Santo recibimos también el Espíritu de Jesucristo. Si la misión y ministerio de Jesús en la tierra fue reconciliar, interceder, sanar, perdonar y amar (entre otras) entonces nuestras vidas deben centrarse en esas mismas cosas. Hay que notar que es el Espíritu Santo quien nos comunica que Cristo ha resucitado de entre los muertos.

Visualizar la moralidad cristiana como vida sacramental es muy importante. El Bautismo nos llama a morir y a resucitar. A morir al pecado y a resucitar a la vida de la gracia divina. Cuando logramos esto adquirimos una fuerza especial por parte de Dios y somos incorporados al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por el Bautismo somos renovados en el Amor y la Gracia de Dios. Es por medio del Bautismo que recibimos el Espíritu Santo y sus dones (virtudes teologales etc.). La incorporación en el Cuerpo de Cristo (Iglesia) es una invitación – un reto – a reconocer nuestra unidad esencial con unos a los otros. Unidad que significa sobrepasar las divisiones de nacionalidad, cultura, raza, y/o género. Esta definición de unidad es en cierta medida tanto una realidad presente como futura esperanza.

Tanto el Concilio Vaticano II como el CIC nos enseñan que la Eucaristía (= Acción de Gracias) es la fuente y eje central de la vida cristiana. Al finalizar la liturgia eucarística (Santa Misa) se nos envía a servir y ministerial (administrar) viva y latentemente a Cristo en este mundo (diario vivir). Si entendemos que el sacramento es un signo sensible y palpable (que podemos ver y/o sentir) eficaces (que me confiere) de la gracia, instituidos por Cristo para la salvación del hombre; mi vida sacramental tiene que ser signo vivo de mi proceder en la vida. La Eucaristía no es un premio para los que han llegado, pero si es alimento (pan de vida) para los que están en el constante caminar de esta vida cristiana.

La moralidad cristiana debe ser participación activa en la construcción del Reino de Dios. La meta de todas mis convicciones cristianas debe ser el Reino de Dios. Jesús citando al profeta Isaías nos da unas pistas sobre el Reino de Dios. “El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18 – 19). Podemos también encontrar otras pistas sobre el Reino en Juan 18, 33 – 36 donde nos deja claro que no es un reino de este mundo. De igual forma, en Marcos 10, 45 donde nos indica que es un reino de servicio.

Mi vida moral cristiana debe ser una participación activa de servicio conforme a la Palabra de Cristo en la construcción del Reino de Dios. Ahora bien, teniendo en cuenta que es un Reino que no es de este mundo (aunque se inicia aquí en esta vida) y que su finalidad es el servicio por medio del amor la participación activa de este Reino requiere humildad. Nos toca hacer y dar respuestas a preguntas como estas; ¿quiero vivir como Cristo vivió? ¿Estoy dispuesto a seguir a Cristo hasta el extremo? ¿Qué estoy disponible a hacer por los demás? ¿Estoy dispuesto a dar mi vida como Cristo la dio, si fuese necesario? ¿Qué valor tienen el sacrificio, la entrega y el amor (caridad) en mi vida cristiana?

Que el Amor de Dios guiado por el Espíritu Santo renueve cada día nuestra vida sacramental para que nuestra participación de servicio en la construcción del Reino de Dios sea cada vez más activa. Que así nos ayude Dios.


Nota: Si quieres ver más información sobre ética y moral puedes ver los siguientes enlaces:
-
Ética & Moral (compendio)
-
http://catequesisdeadultos.org/etica.aspx

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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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