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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

19 mar. 2009

¿Qué sabemos de la Biblia? (Segunda parte)


En la intervención anterior hicimos la siguiente pregunta… ¿Cómo la Biblia comenzó a existir? La Biblia tal y como la conocemos es el producto final de cinco pasos los cuales tomaron unos dos mil años en desarrollarse. Estos cinco pasos son eventos, tradición oral, tradición escrita, edición y la canonicidad. Es muy recomendable que nos detengamos a discutir cada uno de estos pasos. Ya previamente hablamos sobre los eventos en las Sagradas Escrituras. Ahora nos toca reflexionar sobre la tradición oral.


Este es el segundo paso de la tradición oral es uno que suele haber muchas malas interpretaciones. Primero hay que entender que no hay evidencias de los eventos sean contemporáneos con los mismo eventos como tal (me explico). No hay pruebas de los eventos que le sucedieron a Abrahán desde el mismo punto de viste de Abrahán. Más aun contrario a la “creencia” de que Moisés escribió los primeros cinco libros en la Biblia, no hay prueba o testimonio de las experiencias de Moisés desde su propio punto de vista. Sobre Jesús no tenemos ningunas testimonio del ministerio de Jesús de su propio punto de vista. Todos estos eventos en Biblia los conocemos por la tradición oral primero por la comunidad que vivió dicha experiencia y en segundo plano de generación en generación. Este hecho de que los eventos se hayan conocidos por la tradición oral sin duda alguna incomoda a mucha gente ya que muchos piensan que la tradición oral es similar a un “chisme” y por tal la consideran no fiable. Esto sin duda es un mal malentendido. La tradición oral es muy viable con excepción de ciertos casos porque no ha de reclamar viabilidad y no hay necesidad de esta.


La tradición oral es básicamente viable porque es producto de la comunidad. Es por esto que no puede ser comparada con un chisme. Ni mucho menos con el “pasatiempo” llamado teléfono, el cual muchos lo usamos como puros chiquillos. Cuando tenemos una conversación en privado con alguien no hay nadie (ajeno a la conversación) para corregirlos si fuera necesario. Si el mismo error sucede desde al plano comunitario la misma comunidad ha de corregir dicha falta. Un ejemplo de esto podría ser el que un error como el siguiente no prevalecería en la comunidad; “Padre Nuestro que estas en la tierra como en el Cielo, (banalizado) se tu nombre…” un error como este no ha de prevalecer porque la comunidad sabe propiamente el contexto y lo ha de corregir. Las narraciones pasadas fielmente por la comunidad a las siguientes generaciones por medio de la tradición oral representa la misma de fe la comunidad. La tradición oral
Hay tres casos (como mencionamos anteriormente) que la tradición oral no reclama una certeza o exactitud en su contexto. Primero hay que establecer que no se ha reclamado (ni se puede) que la tradición oral haya estado pasando las citas originales. Esto lo podemos aplicar también en los Evangelios. Esto antes mencionado no significa que no haya reilación en lo que se lea en los Evangelios con lo que dijo Jesús durante su vida terrena. Querer “imprimir en letras rojas” o atribuir lo que dijo Jesús (literalmente) es un mal entendido. Cuando Jesús realizo su ministerio gran parte de sus palabras (lo que predicaba, lo que enseñaba, parábolas, etc.) no fueron entendidas (ampliamente) hasta después de su Resurrección. Según los contemporáneos de Jesús fueron hablando de sus experiencias, fueron compartiendo discernimientos y creciendo en entendimiento (gracia) fueron narrando eventos sobre Jesús de tal forma que quien escuchaba pudiera entenderlos. 
En segundo término en que la tradición oral no reclama certeza es porque no siempre este testimonio oral pasó en el ámbito social en que ocurrieron los eventos. Es por esto es que en ocasiones leemos dos textos del evangelio que Jesús haya dicho algo pero no para la misma audiencia o en el mismo contexto. Esto lo podemos entender mejor si miramos nuestra propia experiencia de vida. En nuestras formas de expresarnos (propia de cada país) podemos transmitir un chiste oralmente pero este no va a llegar de igual forma a todos los que escuchan. Un ejemplo de esto lo podemos ver que en el Evangelio de San Mateo Jesús predica las Bienaventuranzas en una montaña mientras que en Lucas lo presentan diciéndolas en una planicie. Porque las palabras de Jesús se transmitieron por medio de testimonio oral es muy probable que ninguno de ambos editores de estos evangelios supiera con exactitud donde Jesús estuvo ubicado al momento de predicarlas. Mateo por su parte nos quiere mostrar a Jesús como el nuevo Moisés con autoridad para proclamar la nueva ley del Amor. Recordemos que Moisés recibió la Ley en la montaña. Mateos proporciono estos datos por razones teológicas y no históricas.
La tercera forma en que la tradición oral no reclama certidumbre es por medio de la cronología histórica en los eventos. Cuando los primeros cristianos fueron colectando las narraciones sobre los prodigios de Jesús no tomaron en consideración el orden en que ocurrieron. No se preocuparon en determinar si Jesús sano primero a la mujer hemorrágica o al paralítico. Para ellos lo importante fue que estos eventos se dieron. Otro ejemplo… cuando Jesús expulso a los vendedores del Templo, Mateo, Marcos y Lucas lo ubican este hecho antes de su pasión y muertes (final de su ministerio) mientras que Juan lo ubica al inicio de su ministerio después de la Boda en Caná. Entonces cuando en realidad sucedió. La respuesta no esta disponible e irrelevante ya que la razón para esta doble ubicación fue teológica y no histórica.
La tradición oral acerca de los eventos relacionados a Jesús continuó por una generación antes de que estas narraciones fueran escritas y editadas en la forma que las tenemos actualmente. Esto es relativamente poco tiempo si las comparamos con Abrahán, que pasaron por la tradición oral por unos 600 años. Estas fueron escritas (o manuscritas) para el tiempo del Éxodo. Lo mismo sucedió con los demás patriarcas de Israel que fueron narradas a la luz de la experiencia del éxodo de Egipto. Estas narraciones fueron dichas y detalles se les añadían con matices contemporáneos en vez de los sucesos originales. Esto hacia las narraciones más interesantes y mejor entendibles para cada generación. Noe y el diluvio obviamente precede a la experiencia del éxodo (1250 a.C.). Arqueólogos han encontrado evidencia de grandes diluvios que datan cerca del 3000 a.C. Aunque la Biblia nos muestra a Noe para el mismo tiempo que los patriarcas (1850 a.C.) Aquí lo importante es que el contexto no ha cambiado aunque algunos detalles si pueden variar. Podemos decir que la tradición oral se fue “archivando” como sucede con cualquier documento personal que tengamos. El testimonio oral fue viviendo por generaciones por medio de un círculo de detalles que fueron creciendo en torno a su base.
En nuestras próximas intervenciones reflexionaremos sobre tradición escrita, edición y la canonicidad en la Biblia.

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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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