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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

19 mar. 2011

Simbolismos de la liturgia (Segunda Parte)

En la Primera Parte de este tema que la liturgia (acción del Pueblo de Dios) posee variados elementos que de una forma u otra nos ayuda a canalizar y entender el mensaje de los actos litúrgicos. Como mencioné en el artículo “Siguiendo a Jesús”: “La liturgia y los sacramentos (en especial la Eucaristía) son expresión vital de la comunidad (Iglesia) donde Jesús se hace presente; "porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos" (Mt. 18, 20). En todo acto litúrgico se encuentra la Iglesia en oración queriendo descubrir ese "Camino, Verdad y Vida" que es Jesús.”

El saludo de la paz y hay que establecer muy claro que es la paz de Cristo Jesús. “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo” (Juan 14, 27). El Misal describe así el gesto de la paz: Los fieles "imploran la paz y la unidad para la Iglesia y para toda la familia humana, y se expresan mutuamente la caridad, antes de participar de un mismo pan" (IGMR 56b). Se trata de la paz de Cristo. El saludo y el don del Señor que se comunica a los suyos en la Eucaristía. No una paz que conquistemos nosotros con nuestro esfuerzo, sino que nos concede el Señor. Es sin duda, un gesto de fraternidad cristiana y eucarística. Un gesto que nos hacemos unos a otros antes de atrevernos a acudir a la comunión para recibir a Cristo nos debemos sentir hermanos y aceptarnos los unos a los otros. Todos somos miembros del mismo Cuerpo, la Iglesia de Cristo. Todos estamos invitados a la misma mesa eucarística. Darnos la paz es un gesto profundamente religioso, además de humano. Está motivado por la fe más que por la amistad: reconocemos a Cristo en el hermano al igual que lo reconocemos en el pan y el vino. El Papa Pablo VI nos dice: “si quiere paz, lucha por la justicia.” Esto nos debe recordar que para acudir la mesa del Banquete Eucarístico darnos la paz y comulgar a Cristo Sacramentado requiere que vivamos en justicia y especial esa justicia que proviene de Dios.

Otro símbolo que en cierta forma se ha estado perdiendo (en muchas diócesis y parroquias) es el beso que el sacerdote le da al libro de los evangelios (leccionario o evangeliario). Al hacerlo el sacerdote dice en voz baja: "las palabras del evangelio borren nuestros pecados." Esta frase expresa el deseo de que la palabra evangélica ejerza su fuerza salvadora perdonando nuestros pecados. Besar el evangelio es un gesto de fe en la presencia de Cristo que se nos comunica como la palabra verdadera. En cierta forma contrarresta el beso de traición de Judas. De igual forma presupone la fidelidad que el presbítero (sacerdotes) por medio de la ordenación les debe a Jesucristo y a la Iglesia. Indirectamente nos debe animar a todos los bautizados vivir esa fidelidad tanto a Cristo como a la Iglesia a quien el mismo Cristo le ha dejado el depósito de la fe.

La señal de la cruz ha sido desde los inicios del cristianismo la símbolo por excelencia de todos los cristianos. No nos damos mucha cuenta, porque ya estamos acostumbrados a ver la Cruz en la Iglesia, en nuestras casas, pero la Cruz es una verdadera cátedra, desde la que Cristo nos predica siempre la gran lección del cristianismo. La Cruz resume toda la teología sobre Dios, sobre el misterio de la salvación en Cristo, sobre la vida cristiana. La Cruz es todo un discurso. Nos presenta a un Dios trascendente pero cercano; un Dios que ha querido vencer el mal con su propio dolor; un Cristo que es juez y Señor, pero a la vez siervo, que ha querido llegar a la entrega total de sí mismo, como imagen plástica del amor y de la condescendencia de Dios; un Cristo que en su Pascua - muerte y resurrección- ha dado al mundo la reconciliación. Los cristianos con frecuencia hacemos con la mano la señal de la Cruz, o nos la hacen otros, como en el caso del bautismo o de las bendiciones. Es un gesto sencillo pero lleno de significado. Esta señal de la Cruz es una verdadera confesión de fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión: al hacer sobre nuestra personas este signo es como si dijéramos: "estoy bautizado, pertenezco a Cristo, Él es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana...". Los cristianos debemos reconocer a la Cruz todo su contenido para que no sea un símbolo vacío. Y entonces sí, puede ser un signo que continuamente nos alimente la fe y el estilo de vida que Cristo nos enseñó. Si entendemos la Cruz y nuestro pequeño gesto de la señal de la Cruz es consciente, estaremos continuamente reorientando nuestra vida en la dirección buena.

El agua es una realidad que ya humanamente tiene muchos valores y sentidos: sacia la sed, limpia, es fuente de vida, origina la fuerza hidráulica...También nos sirve para simbolizar realidades profundas en el terreno religioso la pureza interior, sobre todo. Por eso se encuentran las abluciones o los baños sagrados en todas las culturas y religiones (a orillas del Ganges para los indios, del Nilo para los egipcios, del Jordán para los judíos). Para los cristianos el agua sirve muy expresivamente para simbolizar lo que Cristo y su salvación son para nosotros: Cristo es el "agua viva" que sacia definitivamente nuestra sed (coloquio con la samaritana: Jn. 4); el agua sirve también para describir la presencia vivificante del Espíritu (Jn. 7, 37-39) y para anunciar la felicidad el cielo (Ap. 7, 17; 22, 1). En nuestra liturgia es lógico que también se utilice este simbolismo. A veces se usa el agua sencillamente con una finalidad práctica: por ejemplo en las abluciones de las manos después de ungir con los Santos Oleos o de los vasos empleados en la Eucaristía. Otras veces un gesto que en su origen había sido "práctico" ha adquirido ahora un simbolismo: como la mezcla del agua en el vino, que en siglos pasados era necesario por la excesiva gradación del vino, y que luego adquirió el simbolismo de nuestra humanidad incorporada a la divinidad de Cristo. Pero el agua tiene muchas veces un sentido simbólico: lavarse las manos para indicar la purificación que el sacerdote más que nadie necesita, o lavar los pies para expresar la actitud de servicio. Sobre todo el agua nos hace celebrar significativamente el Bautismo con el gesto de la inmersión en agua (bautismo significa "inmersión" en griego): porque es un sacramento que nos hace sumergirnos sacramentalmente en Cristo, en su muerte y resurrección, y nos engendra a la vida nueva. La aspersión de la comunidad con agua en la Vigilia Pascual, o en el rito de entrada de la Eucaristía dominical, o el santiguarse con agua al entrar en la Iglesia, son recuerdos simbólicos del Bautismo. También el hecho de las casas (de las casas, de los objetos, de las personas) o el gesto de aspersión en las exequias se realicen con agua, quiere prolongar el simbolismo purificador y vitalizador del Bautismo. En el rito de la Dedicación de iglesias se asperjan con agua las paredes, el altar y finalmente el pueblo cristiano: siempre con la misma intención "bautismal", que envuelve a las personas, al edificio y a los objetos de nuestro culto. Todo queda incorporado a la Pascua de Cristo. Otro significado del simbolismo del agua es su cualidad de apagar la sed del hombre. Sed que no es sólo material, sino que muy expresivamente puede referirse s los deseos más profundos del ser humano: la felicidad, la libertad, el amor, etc.


Continuará...

Fuente: http://www.cpl.es/ Adaptado del Libro "Gestos y Símbolos" del P. José Aldazabal
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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