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CdeA (Catequesis de Adultos)

Curriculum y Historial de Pastoral

24 feb. 2012

La corrección fraterna

Todos sabemos que la corrección fraterna es una obra de misericordia.  Pero por desgracia nuestra cultura en especial aquí en los Estados Unidos se cree y se piensa que para no faltar a la caridad no es bueno incomodar a la persona a quien se esté corrigiendo.  En primer lugar hay que explicar que la corrección fraterna es una (y debe ser) donde corregimos como hermanos en el amor y la misericordia de Cristo.  Bajo ninguna circunstancia el propósito es incomodar a la persona.

Es muy conveniente reflexionar en este texto de San Mateo sobre la corrección fraterna; "Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.  Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos.   Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano" (Mt. 18, 15-17).  Al corregir a un hermano o hermana es indispensable ser muy indulgentes y respetuosos, sin humillarlos ni avergonzarlos jamás, y mucho menos en público.
Nos podemos preguntar cuál es el motivo fundamental que debe buscar toda corrección fraterna.   El Evangelio de San Mateo nos da la respuesta para la razón de ser de la corrección fraternal; "sean perfectos (santos) como es perfecto el Padre que está en el cielo" (Mt. 5, 48).  Es muy conveniente que definamos y aclaremos algunos términos para poder entender este punto mejor.

La palabra "santidad" proviene del término hebreo "Kiddushin."   Esta expresión tiendo dos significados; primero, se traduce literalmente como "sacar aparte" y segundo es empleado para representar el concepto de "boda."  Los cristianos somos sacados aparte (de este mundo) para vivir tal como Cristo.  Al hermano que ha errado se le llama a aparte buscando a que su vida sea semejante a la Cristo.  El Libro del Apocalipsis nos habla de las "Bodas del Cordero" (Ver Ap. 19, 7; Ef. 5. 22-23) que simbolizan la unión de amor y santidad que debe existir entre Cristo y la Iglesia, quien es su esposa.
Sería un absurdo el que yo diga yo quiero ser santo pero no quiero la santidad para mis hermanos.  Eso es precisamente lo que hacemos cuando nos negamos a corregir a un hermano(a) fraternalmente.  De igual forma, no es conveniente reprender o amonestar cuando nos sentimos ofendidos y molestos.  En ese momento sin duda alguna la corrección no será tan fraterna.  Es mucho más favorable el poder corregir con serenidad y toda la paz del corazón posible.

Si la corrección fraterna me la hacen a mí, es muy provechoso el que yo tenga la amabilidad y responsabilidad de escuchar al que me llama la atención.  En nuestro momento de oración y reflexión es muy aconsejable meditar en lo que nos hayan dicho en una corrección fraterna.   La asistencia del Espíritu Santo no ha de faltar  tanto para quien me corrige como para mí al cambiar y modificar lo que haya hecho mal.
Que Dios nos ayude siempre.
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