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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

14 mar. 2013

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra… (Quinto Domingo de Cuaresma - Ciclo C)


El domingo pasado en el evangelio escuchábamos la narración del Hijo Prodigo.  Con esta narración San Luchas nos dejaba ver muy claro primero el amor paciente e infinito de Dios por nosotros sus hijos.  También nos dejaba ver que para que ese amor de Dios llegue y vuelva a nuestros corazones y nuestras vidas debemos reconocer nuestra miseria y vida de pecado que nos ha mantenido ajenos y lejos del don y la gracia de Dios que habíamos adquirido desde nuestro bautismo.   Hoy en el evangelio, San Juan nos muestra a la mujer adúltera o sea a otra hija prodiga.
Hay que poner atención y estar muy conscientes y claros de quienes eran los acusadores de esta mujer adúltera.   Nos dice el texto bíblico “los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio.”  Vamos a ver que estos letrados y fariseos eran estudiosos y muy conocedores de la Ley de Moisés.    Ellos sabían muy claro lo que establecía el libro del Deuteronomio: “si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre que estaba acostado con la mujer, y también ella” (Deut. 22, 22).  Ellos le dijeron a Jesús para ponerlo a prueba: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.  Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?” (Jn. 8, 4-5).  La respuesta de Jesús es muy bien conocida que hasta se ha convertido en expresión popular.
Jesús se rehúsa a sentenciar y condenar como hacen los hombres.  Si está claro que hubo falta y pecado grave, pero Jesús deja a Dios la tarea de purificar los corazones por el sufrimiento. Con mucha posibilidad hay algo más: si bien Jesús confirma los mandamientos (Mt 19, 18; Mc 7, 22), sabe que los errores cometidos no muestran sino muy parcialmente lo que ocurrió en el corazón de la persona.  El misterio de las conciencias escapa y se fuga de nuestro conocimiento.   “Pues si nuestra conciencia nos reprocha, pensemos que Dios es más grande que nuestra conciencia, y que lo conoce todo” (1Jn 3, 20).  Este acontecimiento de la mujer adúltera nos debe llevar a una conclusión sumamente cierta, nadie es santo frente al que Es santidad infinita y absoluta.
“Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra…” Los acusadores fueron desapareciendo desde el más viejo hasta el más joven.   La  mujer se encuentra sola frente al Hombre, el que siempre da la cara, el que nunca se aleja de sus hermanos y hermanos más pequeños.  En aquel tiempo, Jesús le dijo a la acusada: “Mujer, ¿nadie te ha condenado? Yo tampoco te condeno. Ve en paz y no peques más.”  Hoy Jesús nos dice a cada uno de nosotros: “_________, (en ese espacio va el nombre de cada uno de nosotros comenzando por el de este humilde servidor) ¿nadie te ha condenado?  Yo tampoco te condeno. Ve en paz y no peques más.”
Nos dice exactamente lo mismo que le dijo a la mujer acusada por los líderes religiosos del tiempo.  ¿Hoy quiénes son nuestros acusadores?  Podrían ser alguien o algunos de nuestra comunidad parroquial.  Pero en realidad no importa mucho quien o quienes sean nuestros acusadores sino cual es la respuesta de Jesús.  La respuesta de Jesús contiene; amor, bondad, misericordia pero en especial compromiso.
Cuando estamos con el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, este ya casi al final este nos pide que recemos el Acto de Contrición.  Esta oración nos muestra cual es el compromiso del cual estoy refiriendo.  Casi al final de esta oración dice: “firmemente resuelvo con tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia, enmendar mi vida y evitar las ocasiones de pecado.”  En esto estriba el compromiso que tenemos cuando Jesús nos perdona por medio de su instrumento los presbíteros (los sacerdotes) cuando estos nos dan la absolución en el nombre de la Trinidad Santa (Padre, Hijo y el Espíritu Santo).
Cristo hoy también nos sigue diciendo por medio de su Iglesia, “ve en paz y no peques más.”  ¿Por qué ve en paz y no simplemente no peques más?  Cuando Dios nos perdona los pecados (Sacramento de la Reconciliación) llega a nuestras almas y corazones esa paz que solo Cristo nos puede dar.  En la Santa Misa el sacerdote reza: “Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: 'La paz os dejo, mi paz os doy', no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad…”  a continuación de esta oración el celebrante de la Eucaristía nos invita a darnos un saludos de paz.  Nos dice las instrucciones del Misal Romano que: “todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.”  Con esa paz que nos da Cristo un día llegaremos ante la presencia eterna de Dios para alabarle eternamente. 
Autor: Daniel Caliz 
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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