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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

18 nov. 2013

El Año de la Fe ha de concluir pero nuestra fe debe durar para siempre…

Como la gran mayoría de los católicos sabrán este Año de la Fe que la Iglesia Católica ha estado celebrando concluye el 24 de noviembre del 2013.  Desde el 11 de noviembre del pasado año la Iglesia y el Magisterio unido a nuestros dos últimos Sumos Pontífices se han dado la tarea de crear conciencia y a la vez educarnos sobre la importancia de la fe.  Durante este año nuestras diócesis, parroquias y comunidades eclesiales en general han estado realizando una serie de actividades con el propósito de reeducar (podríamos decir) a los católicos (y no-católicos) sobre la fe que profesamos públicamente todos los domingos en nuestras celebraciones eucarísticas.

En Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) que es una obras maestra en cuanto a literatura y cristianismo se refiere de nuestros tiempos modernos es el documento clave a estudiar no solo en cuanto la fe se refiere sino sobre todo el cristianismo en general.  Juan Pablo II en el Documento “Fidei Depositum” (FD) por la que se promulgó y estableció, después del Concilio Vaticano II, y con carácter de instrumento de derecho público, el Catecismo de la Iglesia Católica, nos recuerda lo siguiente: “conservar el depósito de la fe es la misión que el Señor confió a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo” (FD # 1).  Como mucho se nos recuerda, esta no es solo tarea “de los sacerdotes y las monjas” sino que además y de forma muy particular los laicos estamos llamados sobre todo con nuestro testimonio de vida cristiana a ser “luz y sal del mundo” anunciando la Buena Nueva de salvación de Cristo Jesús.
Esta palabra de dos letras (fe) encierra un significado que no puede comprender y limitar entendimiento humano.  Su significado es sencillo podríamos así decir.  De esta forma nos dice la Carta a los Hebreos definiendo lo que es la fe: “La fe es aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver” (Heb. 11, 1).  Su significado como hemos mencionado es muy simple lo que resulta algo complicado es su interpretación (por razones teológicas o exegéticas muchas veces).   Hago la clara observación que no he mi intención crear nuevas visiones sobre fe.  Simplemente deseo reflexionar en cuanto la Iglesia enseña sobre la fe.
Vayamos al texto bíblico antes mencionado (Heb. 11, 1).  Este nos dice que por la fe nos aferramos a los que esperamos.  Primero es importante recordar que en nuestro Sacramento del Bautismo (que llamamos la Puerta de la Salvación) recibimos las tres virtudes teologales que son la fe, la esperanza y la caridad.  Quisiera concentrarme en este momento en la virtud de la esperanza. 
Nos podríamos preguntar: ¿Qué esperamos de la fe?  La respuesta a esta pregunta la tenemos en el mismo Jesús, con su vida, sus palabras y acciones.  ¿Qué fue lo primero que comenzó a predicar Juan el Bautista?  Y la misma pregunta la vamos a aplicar a Jesucristo.   Ambos comenzaron a predicarnos sobre el Reino de los Cielos o de Dios (ver Mt. 3, 2; Mt. 4, 17).   La Iglesia nos enseña que las principales características del Reino de Dios son justicia, amor y paz y estas por ende nos han de llevar a la salvación por la fe en Jesucristo.
Entonces podemos decir que lo que esperamos por la fe en Jesús (Jesús significa Dios salva) el Hijo de Dios y Segunda Persona de la Santísima Trinidad es la salvación.  La predicación apostólica y de las primeras generaciones de cristianos fue recopilando los acontecimientos que nos demostraban que Jesús era (y es) el salvador tanto anticipado en el Antiguo Testamento (en especial por los profetas) y así quedaron plasmados en los evangelios y todo el Nuevo Testamento en general.  Por esos vamos a ver como Lucas por ejemplo narra el nacimiento de Jesús.  Como los evangelistas nos narran el Bautismo del Señor.  De igual forma como exponen sus dichos (enseñanzas, parábolas, etc.) sus signos o milagros hasta su último viaje a Jerusalén con su pasión, muerte y resurrección.  Todo esto según los primeros cristianos (y según los cristianos hoy en día también) tenía un propósito providencial.
Lo segundo que nos expone en Hebreos 11, 1 es que la fe “es la certeza de cosas que no se pueden ver.”   Hasta un niño pequeño puede descifrar esto: ¿Qué no se puede ver?  Claro que nos dirán que no vemos al mismo Dios.  Y es la fe quien nos da la certeza de Dios en el corazón del hombre.  Los seres humanos en sus distintas y separadas culturas han tenido la acertada idea de que existe un ser supremo.  Claro está que la mayoría de estas culturas no habían recibido la revelación divina como la hemos adquiridos en las tres principales religiones monoteístas.  Algunas culturas conocieron (aunque no necesariamente aceptaran) del Dios de Abraham, Jacob y Moisés por su cercanía de una forma u otra con el pueblo de Israel.  Otras culturas conocieron al Dios de los cristianos (que es el mismo Dios de Abraham, Jacob y Moisés) tras el anuncio del evangelio hasta nuestro tiempo.   ¿Significa esto que todo termina aquí?  La respuesta rotundamente es NO.
Hay muchos que no conocen de Jesucristo y de su Buena Nueva, por eso existen las tierras y lugares de misiones.  Pero no hay que ir a tierras lejanas muchas veces y por distintas circunstancias esto se da en nuestras parroquias.  Decía el Papa Francisco en su visita a Asís (4 de octubre de 2013) y recordando al Papa Emérito Benedicto XVI que: “la Iglesia no crece por proselitismo (entiéndase la propaganda de crear por medio de un exagerado y negativo fanatismo formar parte de un grupo) sino por atracción y por el testimonio”.  Los cristianos o sea todos los bautizados estamos llamados a hace que la Iglesia crezca pero aquí no se refiere únicamente a números sino más bien en santidad, en espiritualidad, en fraternidad y en solidaridad en el amor de Cristo.  Estamos llamados a que la Iglesia crezca o sea a que todos seamos iglesia (asamblea) como aquellos reunidos en común (comunión) donde se manifiesta el amor y la fraternidad del mismo Cristo Jesús.
Durante este año de la fe la Iglesia le ha dado un enorme énfasis al rol de la catequesis.  Esta como nos dice el CIC “es una educación en la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana” (CIC # 5).  ¿Por qué hago alusión a esto?  Porque como nos dice la Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae (CT) de Juan Pablo II: “la catequesis no puede disociarse del conjunto de actividades pastorales y misionales de la Iglesia” (CT # 18).  Igualmente nos dice Juan Pablo II en esta exhortación apostólica: “entre la catequesis y la evangelización no existe ni separación u oposición, ni identificación pura y simple, sino relaciones profundas de integración y de complemento recíproco” (CT # 18).  Como vemos la catequesis (o sea la educación de la fe, ver CIC # 4) y la evangelización no se pueden separar por el contrario deben estar integradas y complementadas una a la otra.
Lamentablemente como catequista que he sido en gran parte de mi vida (desde los 14 años de edad) he escuchado la queja e inquietud de muchos padres de que si sus hijos no aprenden bien la religión o la fe (y lo que esta implica) es culpa de los catequistas.  Como decía un sacerdote en mi pueblo: “pobres catequistas siempre pagan por los platos rotos”.  Sin duda alguna tengo que decir y afirmar que tomar esta postura de muchos padres es muy injusto y desconsiderado de su parte.  Los padres deben ser los primeros catequistas.  El Papa Francisco hacía referencia a esto en su catequesis del 14 de octubre del 2013.  Además indicaba que el mensaje cristiano que es anunciado debe estar centrado en el encuentro personal de cada persona con Dios.
Cuando yo suelo dar las clases Pre-Bautismales en mi parroquia yo suelo decirles a los padres y padrinos que el compromiso que ellos han de asumir debe estar fundamentado e iniciado con el testimonio cristiano.  La mejor forma que nuestros hijos han de aprender y vivir la fe es por medio del ejemplo de los padres.  Estos (junto a nuestros padrinos) sin duda alguna son figuras claves para el desarrollo de nuestra fe.  Una vez que nuestros hijos van creciendo y comienzan su preparación a los sacramentos (o sea catequesis) si su base es sólida (testimonio de padres y padrinos) sin duda alguna su catequesis ha de ser más fácil y llevadera.  Esto sin duda alguna hará que el aprendizaje de la fe católica en los niños sea apropiado y provechoso.
Como es conocido el Año de la Fe se clausurará con una Santa Misa en la Plaza San Pedro el domingo 24 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey del Universo, a las 10:30 AM (hora del Vaticano).  Seguramente también nuestras diócesis y parroquias han de tener sus respectivas actividades de cierre del Año de la Fe.   Recordemos que el Año de la Fe ha de concluir pero nuestra fe debe continuar su rumbo hacia al Padre Dios.  ¡Que este Año de la Fe haya sido para todos los católicos signo de encuentro con Cristo, con su Iglesia y con todos los seres humanos (sin importar raza, ideología, lengua, nación y credo) porque todos somos hijos y hermanos del mismo Dios.
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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