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CdeA (Catequesis de Adultos)

Curriculum y Historial de Pastoral

1 jun. 2014

La Ascensión del Señor (Ciclo A)

Hechos 1, 1-11: Se fue elevando a la vista de sus apóstoles.
Salmo Responsorial 46: Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Efesios 1, 17-23: Lo hizo sentar a su derecha en el cielo.
Mateo 28,16-20: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Hoy en día está muy de moda indagar, investigar y estudiar al “Jesús histórico” como así le suelen llamar en distintas cadenas televisivas y expertos (arqueólogos, historiadores, teólogos, etc.) que estos programas presentan.  Personalmente, yo no digo que esto esté mal.  Pero cuando nos quedamos con el “Jesús histórico” sin duda alguna, algo nos falta.  La Iglesia nos ensena que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre y así lo proclamamos en el Credo cada domingo en la Celebración Eucarística.  

Estudiar la vida humana de Jesús (y de su tiempo y cultura) nos ayuda a tener una idea más clara cómo y porqué el Señor llevo a cabo su ministerio o vida pública.  Pero como mencione anteriormente no podemos ni debemos quedarnos en esta faceta o área de la vida de Jesús de Nazaret.
El Salmo 46 (46 en la liturgia y 47 en nuestras biblias) nos dice: “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas” (Salmo 47, 6).  Para los primeros cristianos este salmo fue uno de gran importancia y trascendencia donde se expone la realeza universal del Señor (Salmo 47, 3. 7-9).  Este salmo nos narra un himno a Dios, Señor del universo y de la historia.  Sin duda alguna el Pueblo de Israel por medio de este salmo manifestaba la grandeza y poderío de Dios.  Para los cristianos en este salmo (y en otros similares, como es el caso del Salmo 93[92]) se ve retratado todo el perfil divino de Jesucristo.
Cuando meditamos este salmo antes mencionado podemos entender mejor porque Jesús nos dice: “Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra”  o “se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra” (Mateo 28, 18) como dicen otras versiones bíblicas.   La evidencia se nos ha ido presentando desde el inicio de este tiempo de Pascua.  Jesús tuvo que padecer y morir en la Cruz, como le explicaba a los discípulos de Emaús como la Palabra de Dios en ese entonces (Antiguo Testamento para nosotros) fue prefigurando como y porque el Mesías esperado por el Pueblo Elegido tenía que padecer y morir para luego mostrar su gloria por medio de su resurrección.
El relato de San Lucas de la Ascensión  es el relato más preciso y completo del hecho de la Ascensión del Señor.  La Ascensión del Señor formó parte de kerigma (primer anuncio) cristiano, pero destacando sobre todo el consecuencia final, es decir, la afirmación de que Jesús está glorificado y sentado a la derecha del Padre.  Esto desde los inicios de la Iglesia ha sido (y sigue siendo) un dogma de fe. 
En este texto de la Carta de los Efesios el autor reflexiona sobre el misterio de Cristo y de la Iglesia.  Este fragmento nos expone claramente la supremacía de Cristo.  Cuando leamos y escuchemos este texto paulino tengamos en cuenta la esperanza a la que somos invitados.  El gran Padre de la Iglesia San Agustín nos recuerda que precisamente por tratarse de la plena glorificación de la Cabeza (de Cristo), es también la glorificación anticipada de la Iglesia.
Hoy se proclama y escuchamos el final del Evangelio de San Mateo.  Al meditar este texto neotestamentario debemos tener en cuenta la invitación y mandato que Jesús nos hace luego de afirmar que se le ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.  La misma es la siguiente: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt. 28, 19-20). Este texto nos deja ver que Jesús quería fundar una Iglesia que fuera católica o sea universal.  Este mandado-invitación de Jesús implica de por si la universalidad de la Iglesia.  Esto lo entendieron muy los Apóstoles del Señor incluyendo a San Pablo.  La tradición de la Iglesia nos muestra como la Iglesia se dispersó por todo el Imperio Romano y hasta más allá del imperio.
La Iglesia católica se distingue de las Iglesias “reformadas” porque únicamente ella se considera obligada a continuar unida en torno a los sucesores de los apóstoles, que son los obispos.  Nos cuesta mantener esta unidad y continuidad en muchas circunstancias en que parecería más fácil fundar una nueva comunidad reformada al lado o paralela a la Iglesia.  Pero también esta obediencia a la voluntad del Padre es el medio que le permite ejercitar y purificar nuestra fe.  Jesús es y seguirá siendo siempre dueño del destino de Su Iglesia.  Jesús no nos abandonó por el contrario nos prometió al otro Paráclito (Consejero, Abogado, etc.) quien guía la Iglesia es todos los aspectos en especial en la unidad.
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Nota: Según indica la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos: “Hay seis sedes metropolitanas y sus diócesis sufragáneas que mantienen la solemnidad de la Ascensión el jueves: Boston, Hartford, Newark, New York, Omaha, y Philadelphia. Todas las demás regiones de los Estados Unidos han optado por transferir la solemnidad al domingo siguiente (Séptimo Domingo de Pascua)” (Pagina web de la USCCB [Conferencia Episcopal de los Estados Unidos por sus siglas en inglés]; Oración y Adoración; Año Litúrgico; Pascua).
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