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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

18 oct. 2014

¿Cuánto le damos al Cesar y cuanto le damos a Dios?

San Mateo 22,15-21: Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Hace varios días escribí una reflexión del tema que indica y sugiere el título de esta reflexión.  Lo único que el título varió poco y mucho a la vez.  La reflexión anterior estaba titulada: “¿Cuánto le das al Cesar y cuanto le das a Dios?” Como podrán notar dije que varió poco en cuanto al verbo “dar” de das a damos hay pocas letras de diferencia.  Pero indiscutiblemente por su significación la disparidad es muy grande.

Además me sentí como si yo no me incluyera en lo que implicaba el título y por ende excluyera de la reflexión completa. Claro está, que eso nunca fue ni será mi intención. Ahora quisiera llevar el caminar de esta reflexión con un tono comunitario donde ustedes y yo saquemos las mejores conclusiones de esta reflexión.
Quisiera retomar algunos puntos que ya expuse en la reflexión anterior. Y de alguna forma u otra darle riendas reflextiva al pensamiento y a la meditación. 
“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21).  Sin duda alguna, este es uno de los textos bíblicos más citados y mencionados dentro y fuera del ámbito religioso.  Pero esto implica un peligro que debemos tener en cuenta.
Hagamos una prueba o experimento vamos a poner en una fila la mayor cantidad de personas posible (100 sería muy recomendable).  Alguien le va a comunicar un mensaje a la primera persona.  Ahora bien, este mensaje se debe pasar de persona a persona hasta llegar a la última persona.  Lo más posible y factible es que el mensaje se haya distorsionado de tal forma que si comparamos el mensaje original con el último haya una diferencia abismal no solo en lo que se dice sino también en su significación.
Algo así como lo antes mencionado podría suceder (y sucede) con este texto.  Quizás el texto no varié mucho pero su significación e interpretación pueden variar insondablemente.
Por esta razón cuando estudiamos y queremos interpretar un texto bíblico debemos estar muy consciente de lo que enseña la Iglesia.  Para esto es muy recomendable tener además de una Biblia (católica) usar el Catecismo de la Iglesia Católica.  Leer los documentos oficiales de la Iglesia (encíclicas, cartas pastorales, etc.) también es muy recomendable. Igualmente tener y usar un diccionario bíblico católico es una excelente opción para el estudio y reflexión bíblica.
Estando al tanto sobre todo esto antes mencionado hay que tener muy presente que la Iglesia nos enseña que a la hora de interpretar un texto de la Palabra de Dios hay ser contextualitas.  
“Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los «géneros literarios» usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. ‘Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios’ (DV 12,2)” (CIC # 110). 
Querido lector(a) te recomiendo que leas el numeral 12 de la Constitución Dogmática Dei Verbum Sobre La Divina Revelación para que tengas una idea más precisa sobre que es e implica interpretar las Sagradas Escrituras en sus distintos contextos.
Ahora bien, la pregunta yo creo que debería ser formulada en el siguiente orden: ¿Cuánto le damos a Dios (y a sus obras que realiza la Iglesia) y cuanto le damos al Cesar? ¿Qué implica darle a Dios? ¿Qué supone darle al Cesar?  Usemos cada una de nuestras parroquias y diócesis como ejemplo. 
El ser el (la) encargado(a) de las finanzas en la parroquia no es cosa fácil.  Yo he visto estos(as) herma@s realizando su ardua labor para buscar el bien común económicamente hablando.  También he visto parroquias donde por mucho que traten siempre están en déficit presupuestario. 
Quiero dejar muy claro que el dinero no es lo más importante en la parroquia.  Pero nuestro sistema monetario y económico hace que haya que pagar casi todo lo que de una forma u otra se administra (ya sea religioso o no) en la parroquia.
Recordemos que cada vez que ayudamos con generosidad y solidariamente a alguna obra o apostolado ya sea a la parroquia, a la diócesis o las instituciones benéficas y caritativas (ej. Sociedad San Vicente de Paul, Caritas Internacional, etc.) que socorren a la Iglesia (y a todos en general sin hacer alguna distinción) a nivel universal estamos socorriendo al mismo Cristo. 
“Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver’. Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?’ Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’” (Mt. 25, 34-40).
Todo lo anteriormente mencionado es darle a Dios. 
Nos debemos preguntar: ¿Qué me exige este texto del Evangelio de San Mateo?  Recordemos los personajes justos (como lo fueron Abraham, los patriarcas, los profetas, Juan el Bautista, José el esposo de María y la misma María Santísima)  de la Biblia.  Sin duda algunas estos supieron darle a Dios lo que por justicia innata y propia le corresponde.  Y sin reparo alguno estos siempre y cuando no interrumpiera con su relación con Dios supieron dar al orden civil lo que era justo y necesario.
“Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21).  Este texto neotestamentario implica justicia. Pero esta justicia no es como se nos presenta jurídicamente hablando.  Esta justicia es infalible que viene del mismo Cristo.  Recordemos lo que el presbítero proclama y nos recuerda en la Sagrada Eucaristía: “La paz les dejo, mi paz les doy, pero no como la da el mundo” (Jn. 14, 27). “Si quieres paz, lucha por la justicia” Siervo de Dios Pablos VI.  La paz y la justicia son dos hermanitas que deben siempre estar tomadas de la mano.  La paz no puede funcionar sin la justicia y viceversa.
El indicar que una persona era justa en la Biblia implicaba que esa persona era santa o que vivía en los caminos de la santidad.  Ya explicado en otras ocasiones que la palabra santidad proviene del hebreo kiddushin pero esta palabra implica y posee más de un significado.  En primer lugar el término kiddushin literalmente significa sacar aparte.  Pero más que santidad kiddushin se refiere a la acción de la santidad que es la santificación.  Esta palabra kiddushin también se la aplica a los esponsales y al compromiso matrimonial. 
Tanto San Pablo como San Juan hacen alusión de Jesús como el Esposo y la Iglesia como la Esposa que espera preparada para ese gran encuentro (ver 2Cor. 11, 2; Ef. 5, 22-33; Ap. 19, 6-8).  Para describir lo que implica la santidad la Palabra de Dios nos presenta la analogía o comparación del matrimonio.  De la misma forma que en el matrimonio implica hacer uso y manejo del amor (en todo el sentido oblativo de la palabra amar) en ambas direcciones (esposo-esposa y viceversa) con la santidad sucede lo mismo, se entabla una relación de amor entre Dios y la creatura y viceversa. 
La palabra religión viene del latín religare y esta significa tratar con, en este caso tratar con Dios.  Este trato con Dios implica un orden.  Por eso y para eso Jesucristo fundo la Iglesia.
Entonces es muy conveniente preguntarnos: ¿Cuánto le hemos dado a Dios y cuánto le hemos dado al Cesar? Suena paradójico (aunque sea verdad) algo como el dinero cuando lo usamos egoístamente nos puede llevar a la perdición. Pero por otro lado de la moneda vemos como si usamos el dinero sin egoísmo o sin reparos este puede ser un gran instrumento para nuestra salvación. Aquí el problema o la solución no está en el dinero como tal sino más bien en como usamos el dinero.
“Bienaventurados los pobre de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt. 5, 3).  Los bautizados o sea todos los cristianos por vocación nos debemos al amor, la fraternidad, la solidaridad, la justicia y la paz. En estas cosas se encierra el Reino de Dios al cual todos estamos llamados a trabajar y atraer a otros hacia él.  Especial y primordialmente con nuestro testimonio de vida cristiana.

¡Qué Santa María la Madre de Cristo Rey y de los Ciudadanos del Reino de Dios interceda por cada uno de nosotros para que sepamos corresponder al Cesar y a Dios con lo mejor de nuestra propia vida!
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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