Anawim Ministry Inc. (Ministerio Anawim Inc.)

Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

16 jul. 2015

Evangelio & Reflexión del día: ¡La ley como meta o como camino!

Cuando Dios le dio la ley a Moisés y por ende al Pueblo de Israel esta se le dio como instrumento y camino para llevar a cabo su  alianza con su pueblo. Lógicamente nos debemos preguntar ¿De qué era la alianza de Dios para con su pueblo?   También debemos incluir otra pregunta ¿Por qué Dios nos creó?  La respuesta a ambas preguntas es la misma, o sea nos creó e hizo su alianza por Amor.

Dios nos crea por amor, pero al hombre desobedecer y romper esa unión creativa y luego de esta alianza de amor, Dios procura restablecer esa unión de Amor eligiéndose un pueblo para sí.  Pero esto va más allá de que Dios se eligiera un pueblo o una nación para sí.  Ya que por medio de la llegada del Mesías y Salvador Jesús de Nazaret quien establece una nueva alianza la cual sigue siendo de Amor.  Esto lo expuso muy elocuentemente  el profeta Jeremías: “Ya llegara el día en que yo estableceré una nueva alianza…” (ver Jer. 31,  31-34).
Cuando Dios le dio la ley a Moisés y por ende al Pueblo de Israel esta se le dio como instrumento y camino para llevar a cabo su  alianza con su pueblo. Lógicamente nos debemos preguntar ¿De qué era la alianza de Dios para con su pueblo?   También debemos incluir otra pregunta ¿Por qué Dios nos creó?  La respuesta a ambas preguntas es la misma, o sea nos creó e hizo su alianza por Amor.
Dios nos crea por amor, pero al hombre desobedecer y romper esa unión creativa y luego de esta alianza de amor, Dios procura restablecer esa unión de Amor eligiéndose un pueblo para sí.  Pero esto va más allá de que Dios se eligiera un pueblo o una nación para sí.  Ya que por medio de la llegada del Mesías y Salvador Jesús de Nazaret quien establece una nueva alianza la cual sigue siendo de Amor.  Esto lo expuso muy elocuentemente  el profeta Jeremías: “Ya llegara el día en que yo estableceré una nueva alianza…” (ver Jer. 31,  31-34).
Esta alianza nueva que se cumple y que nos la hace Jesucristo sigue siendo una alianza, y es que más que eso, imposible y menos que eso, no podría hace Dios. Lo que la hace nueva es la forma o la metodología que nos propone el mismo Jesús. Nos dice la Carta de Santiago que nuestra fe la tenemos que demostrarla con nuestras obras (ver Sant. 2, 14-26). Algo similar sucede con el amor que lo debemos demostrar por medio de obras y esto es lo que llamamos caridad fraterna o sea el amor hecho acción.
Entonces tenemos que la Nueva Alianza es una alianza de amor pero un amor que debe ser demostrado por la acción de amar que como dije anteriormente es obrar en caridad.  La caridad no es solo dar limonás como muchos suelen pensar la verdad es mucho mas que eso, es amor en hechos tangibles.
Hoy el evangelio nos presenta un episodio donde los fariseos le están recriminando o pidiendo cuentas a Jesús por la acción de sus discípulos. Tenían hambre y resolvieron el asunto realizando lo necesario comiendo lo que estaba a su alcance.
Un mi bella isla Puerto Rico para la década de los 70’ principio de los 80’ solía salir al aire una anuncio de radio y TV que decía: “Ramón para un problema una solución…” y terminaban nombrando la empresa que se estaba promocionando. Algo así es lo que sucede con el texto del evangelio de hoy.
Lamentablemente los fariseos veían la ley no como la vía o camino (o un instrumento) sino como la meta. Jesús les demuestra lo errado de su visión sobre lo que ellos entendían que debía ser la ley.  Esto desdichadamente es una tentación que nosotros los cristianos la hemos adquirido también.
Veamos como Jesús les refuta el argumento de los fariseos: “¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros?  ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?” (ver Mt. 12, 3-4 & 1Sam. 21, 2-7). 
Estos panes se conocen como los “panes de la presencia” y representaban a las 12 tribus de Israel estos eran ofrecidos cada sábado. Estos además permanecían sobre el altar durante toda la semana. Con esto se quería expresar la fidelidad del pueblo a Dios.  Como expresa Jesús estos panes les estaban reservados a los sacerdotes del templo de Israel y solo estos podían comérselos (ver Lev.  24, 5-9).
Jesús les sigue exponiendo: “¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? (Mt. 12, 5). 
Los sacrificios del templo el día sábado eran hechos en mayor cantidad que en otros días.  Recordemos además que a mayor cantidad de sacrificios mayor era el ingreso económico o sea más dinero entraba a las arcas del templo.
Jesús citando al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Os. 6, 6) les recuerda lo que verdaderamente vale para Dios.  Veamos que la misericordia que Dios nos muestra y nos da surge por el infinito amor que nos tiene. En este sentido podemos deducir y discernir que la Ley de Dios no es una imposición como muchos suelen pensar sino más bien una herramienta para llevar y conducir nuestro obrar por el amor de Dios.
Jesús es la exposición y cumplimiento cabal de la ley y de los profetas (ver Mt. 5, 17).  Las Bienaventuranzas son ese nuevo fundamento donde Jesús pone la Ley como vía amorosa para el cumplimiento de la misma ley.  Aquí la ley esta como servidora de la alianza que nos permite vivir en continuo amor con Dios. 
Es por eso cuando leemos la Palabra de Dios  y no tenemos en cuenta la alianza nos podemos fácilmente desconectar y extraviarnos del “GPS” o del sistema de navegación que Dios ha querido para nosotros y de esta forma vivir nuestra relación con el mismo Dios.         
Esto nos debe mover a obrar con nuestro prójimo (= nuestro próximo) en ese amor que Dios constantemente nos da.   El no estar consciente del amor y la misericordia de Dios que debe llenar nuestro corazón y nuestro ser, nos lleva a enjuiciar, condenar a los demás como hicieron los fariseos (ver Mt. 12, 7).
Hay dos sentencias o afirmaciones que les da Jesús a los fariseos que son el “jaque mate” de la discusión. 
Primero les dice: “Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo” (Mt. 12, 6).  Esto era considerado una blasfemia, o sea decir que alguien era más que la morada de Dios.  Pero Jesús por su condición divina estaba diciendo algo que era todo una realidad. Porque quien habita en ella es más grande y más importante que la morada.
Para finalizar la discusión y en segundo lugar les dice: “el Hijo del hombre también es dueño del sábado” (Mt. 12, 8). 
La ley esta no para esclavizarnos sino todo lo contrario esta para guiar esa libertad que el mismo Dios nos da.   Recordemos, como he dicho antes la libertad siempre debe obrar para el bien.  Amar es la mayor expresión del bien en el ser humano y si Dios es amor la ley no es la meta sino más bien el camino para llegar al amor.
María de Nazaret que fue la mujer libre por excelencia que se hizo esclava de Dios, del amor de la misericordia pero no de la ley.  De esta forma ella usando siempre la ley como vía siempre estuvo en la Presencia del Eterno Amor, del Eterno Dios lleno de la misericordia. 
¡María de Nazaret te pedimos que ores e intercedas por nosotros tus hijos que queremos vivir tal como lo hizo tú Hijo amado Jesucristo!
Cuando Dios le dio la ley a Moisés y por ende al Pueblo de Israel esta se le dio como instrumento y camino para llevar a cabo su  alianza con su pueblo. Lógicamente nos debemos preguntar ¿De qué era la alianza de Dios para con su pueblo?   También debemos incluir otra pregunta ¿Por qué Dios nos creó?  La respuesta a ambas preguntas es la misma, o sea nos creó e hizo su alianza por Amor.
Dios nos crea por amor, pero al hombre desobedecer y romper esa unión creativa y luego de esta alianza de amor, Dios procura restablecer esa unión de Amor eligiéndose un pueblo para sí.  Pero esto va más allá de que Dios se eligiera un pueblo o una nación para sí.  Ya que por medio de la llegada del Mesías y Salvador Jesús de Nazaret quien establece una nueva alianza la cual sigue siendo de Amor.  Esto lo expuso muy elocuentemente  el profeta Jeremías: “Ya llegara el día en que yo estableceré una nueva alianza…” (ver Jer. 31,  31-34).
Esta alianza nueva que se cumple y que nos la hace Jesucristo sigue siendo una alianza, y es que más que eso, imposible y menos que eso, no podría hace Dios. Lo que la hace nueva es la forma o la metodología que nos propone el mismo Jesús. Nos dice la Carta de Santiago que nuestra fe la tenemos que demostrarla con nuestras obras (ver Sant. 2, 14-26). Algo similar sucede con el amor que lo debemos demostrar por medio de obras y esto es lo que llamamos caridad fraterna o sea el amor hecho acción.
Entonces tenemos que la Nueva Alianza es una alianza de amor pero un amor que debe ser demostrado por la acción de amar que como dije anteriormente es obrar en caridad.  La caridad no es solo dar limonás como muchos suelen pensar la verdad es mucho mas que eso, es amor en hechos tangibles.
Hoy el evangelio nos presenta un episodio donde los fariseos le están recriminando o pidiendo cuentas a Jesús por la acción de sus discípulos. Tenían hambre y resolvieron el asunto realizando lo necesario comiendo lo que estaba a su alcance.
Un mi bella isla Puerto Rico para la década de los 70’ principio de los 80’ solía salir al aire una anuncio de radio y TV que decía: “Ramón para un problema una solución…” y terminaban nombrando la empresa que se estaba promocionando. Algo así es lo que sucede con el texto del evangelio de hoy.
Lamentablemente los fariseos veían la ley no como la vía o camino (o un instrumento) sino como la meta. Jesús les demuestra lo errado de su visión sobre lo que ellos entendían que debía ser la ley.  Esto desdichadamente es una tentación que nosotros los cristianos la hemos adquirido también.
Veamos como Jesús les refuta el argumento de los fariseos: “¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros?  ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?” (ver Mt. 12, 3-4 & 1Sam. 21, 2-7). 
Estos panes se conocen como los “panes de la presencia” y representaban a las 12 tribus de Israel estos eran ofrecidos cada sábado. Estos además permanecían sobre el altar durante toda la semana. Con esto se quería expresar la fidelidad del pueblo a Dios.  Como expresa Jesús estos panes les estaban reservados a los sacerdotes del templo de Israel y solo estos podían comérselos (ver Lev.  24, 5-9).
Jesús les sigue exponiendo: “¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? (Mt. 12, 5). 
Los sacrificios del templo el día sábado eran hechos en mayor cantidad que en otros días.  Recordemos además que a mayor cantidad de sacrificios mayor era el ingreso económico o sea más dinero entraba a las arcas del templo.
Jesús citando al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Os. 6, 6) les recuerda lo que verdaderamente vale para Dios.  Veamos que la misericordia que Dios nos muestra y nos da surge por el infinito amor que nos tiene. En este sentido podemos deducir y discernir que la Ley de Dios no es una imposición como muchos suelen pensar sino más bien una herramienta para llevar y conducir nuestro obrar por el amor de Dios.
Jesús es la exposición y cumplimiento cabal de la ley y de los profetas (ver Mt. 5, 17).  Las Bienaventuranzas son ese nuevo fundamento donde Jesús pone la Ley como vía amorosa para el cumplimiento de la misma ley.  Aquí la ley esta como servidora de la alianza que nos permite vivir en continuo amor con Dios. 
Es por eso cuando leemos la Palabra de Dios  y no tenemos en cuenta la alianza nos podemos fácilmente desconectar y extraviarnos del “GPS” o del sistema de navegación que Dios ha querido para nosotros y de esta forma vivir nuestra relación con el mismo Dios.         
Esto nos debe mover a obrar con nuestro prójimo (= nuestro próximo) en ese amor que Dios constantemente nos da.   El no estar consciente del amor y la misericordia de Dios que debe llenar nuestro corazón y nuestro ser, nos lleva a enjuiciar, condenar a los demás como hicieron los fariseos (ver Mt. 12, 7).
Hay dos sentencias o afirmaciones que les da Jesús a los fariseos que son el “jaque mate” de la discusión. 
Primero les dice: “Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo” (Mt. 12, 6).  Esto era considerado una blasfemia, o sea decir que alguien era más que la morada de Dios.  Pero Jesús por su condición divina estaba diciendo algo que era todo una realidad. Porque quien habita en ella es más grande y más importante que la morada.
Para finalizar la discusión y en segundo lugar les dice: “el Hijo del hombre también es dueño del sábado” (Mt. 12, 8). 
La ley esta no para esclavizarnos sino todo lo contrario esta para guiar esa libertad que el mismo Dios nos da.   Recordemos, como he dicho antes la libertad siempre debe obrar para el bien.  Amar es la mayor expresión del bien en el ser humano y si Dios es amor la ley no es la meta sino más bien el camino para llegar al amor.
María de Nazaret que fue la mujer libre por excelencia que se hizo esclava de Dios, del amor de la misericordia pero no de la ley.  De esta forma ella usando siempre la ley como vía siempre estuvo en la Presencia del Eterno Amor, del Eterno Dios lleno de la misericordia. 
¡María de Nazaret te pedimos que ores e intercedas por nosotros tus hijos que queremos vivir tal como lo hizo tú Hijo amado Jesucristo!

Esta alianza nueva que se cumple y que nos la hace Jesucristo sigue siendo una alianza, y es que más que eso, imposible y menos que eso, no podría hace Dios. Lo que la hace nueva es la forma o la metodología que nos propone el mismo Jesús. Nos dice la Carta de Santiago que nuestra fe la tenemos que demostrarla con nuestras obras (ver Sant. 2, 14-26). Algo similar sucede con el amor que lo debemos demostrar por medio de obras y esto es lo que llamamos caridad fraterna o sea el amor hecho acción.
Entonces tenemos que la Nueva Alianza es una alianza de amor pero un amor que debe ser demostrado por la acción de amar que como dije anteriormente es obrar en caridad.  La caridad no es solo dar limonás como muchos suelen pensar la verdad es mucho mas que eso, es amor en hechos tangibles.
Hoy el evangelio nos presenta un episodio donde los fariseos le están recriminando o pidiendo cuentas a Jesús por la acción de sus discípulos. Tenían hambre y resolvieron el asunto realizando lo necesario comiendo lo que estaba a su alcance.
Un mi bella isla Puerto Rico para la década de los 70’ principio de los 80’ solía salir al aire una anuncio de radio y TV que decía: “Ramón para un problema una solución…” y terminaban nombrando la empresa que se estaba promocionando. Algo así es lo que sucede con el texto del evangelio de hoy.
Lamentablemente los fariseos veían la ley no como la vía o camino (o un instrumento) sino como la meta. Jesús les demuestra lo errado de su visión sobre lo que ellos entendían que debía ser la ley.  Esto desdichadamente es una tentación que nosotros los cristianos la hemos adquirido también.
Veamos como Jesús les refuta el argumento de los fariseos: “¿No han leído ustedes lo que hizo David una vez que sintieron hambre él y sus compañeros?  ¿No recuerdan cómo entraron en la casa de Dios y comieron los panes consagrados, de los cuales ni él ni sus compañeros podían comer, sino tan sólo los sacerdotes?” (ver Mt. 12, 3-4 & 1Sam. 21, 2-7). 
Estos panes se conocen como los “panes de la presencia” y representaban a las 12 tribus de Israel estos eran ofrecidos cada sábado. Estos además permanecían sobre el altar durante toda la semana. Con esto se quería expresar la fidelidad del pueblo a Dios.  Como expresa Jesús estos panes les estaban reservados a los sacerdotes del templo de Israel y solo estos podían comérselos (ver Lev.  24, 5-9).
Jesús les sigue exponiendo: “¿Tampoco han leído en la ley que los sacerdotes violan el sábado porque ofician en el templo y no por eso cometen pecado? (Mt. 12, 5). 
Los sacrificios del templo el día sábado eran hechos en mayor cantidad que en otros días.  Recordemos además que a mayor cantidad de sacrificios mayor era el ingreso económico o sea más dinero entraba a las arcas del templo.
Jesús citando al profeta Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Os. 6, 6) les recuerda lo que verdaderamente vale para Dios.  Veamos que la misericordia que Dios nos muestra y nos da surge por el infinito amor que nos tiene. En este sentido podemos deducir y discernir que la Ley de Dios no es una imposición como muchos suelen pensar sino más bien una herramienta para llevar y conducir nuestro obrar por el amor de Dios.

Jesús es la exposición y cumplimiento cabal de la ley y de los profetas (ver Mt. 5, 17).  Las Bienaventuranzas son ese nuevo fundamento donde Jesús pone la Ley como vía amorosa para el cumplimiento de la misma ley.  Aquí la ley esta como servidora de la alianza que nos permite vivir en continuo amor con Dios. 
Es por eso cuando leemos la Palabra de Dios  y no tenemos en cuenta la alianza nos podemos fácilmente desconectar y extraviarnos del “GPS” o del sistema de navegación que Dios ha querido para nosotros y de esta forma vivir nuestra relación con el mismo Dios.         
Esto nos debe mover a obrar con nuestro prójimo (= nuestro próximo) en ese amor que Dios constantemente nos da.   El no estar consciente del amor y la misericordia de Dios que debe llenar nuestro corazón y nuestro ser, nos lleva a enjuiciar, condenar a los demás como hicieron los fariseos (ver Mt. 12, 7).
Hay dos sentencias o afirmaciones que les da Jesús a los fariseos que son el “jaque mate” de la discusión. 
Primero les dice: “Pues yo digo que aquí hay alguien más grande que el templo” (Mt. 12, 6).  Esto era considerado una blasfemia, o sea decir que alguien era más que la morada de Dios.  Pero Jesús por su condición divina estaba diciendo algo que era todo una realidad. Porque quien habita en ella es más grande y más importante que la morada.
Para finalizar la discusión y en segundo lugar les dice: “el Hijo del hombre también es dueño del sábado” (Mt. 12, 8). 
La ley esta no para esclavizarnos sino todo lo contrario esta para guiar esa libertad que el mismo Dios nos da.   Recordemos, como he dicho antes la libertad siempre debe obrar para el bien.  Amar es la mayor expresión del bien en el ser humano y si Dios es amor la ley no es la meta sino más bien el camino para llegar al amor.
María de Nazaret que fue la mujer libre por excelencia que se hizo esclava de Dios, del amor de la misericordia pero no de la ley.  De esta forma ella usando siempre la ley como vía siempre estuvo en la Presencia del Eterno Amor, del Eterno Dios lleno de la misericordia. 

¡María de Nazaret te pedimos que ores e intercedas por nosotros tus hijos que queremos vivir tal como lo hizo tú Hijo amado Jesucristo!
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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