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Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

17 sep. 2015

La Familia navegando entre los Sacramentos

Si les preguntamos a cien personas de distintos lugares y de distintos credos religiosos que es la familia sin duda alguna que nos dirán o nos darán cien distintas versiones.  Pero siempre habrá elementos que no habrán de cambiar para la mayoría de estas definiciones sobre la familia.  Muchos sin duda alguna nos dirán que es una institución.  Sobre este detalle es muy importante señalar que muchos de los gobiernos en muchos de nuestros países están de acuerdo con esta aseveración aunque en la práctica demuestren lo contrario.

Sin duda alguna la familia es una institución creada por el mismo Dios (ver Gn. 1, 26-28).  Según nos enseña la Iglesia Católica la familia es la “Iglesia Domestica”. “Las familias son la Iglesia doméstica, donde crece Jesús, crece en el amor de los esposos, crece en las vidas de los hijos. Y esta vez el enemigo ataca a la familia: ¡el diablo no lo quiere! Se trata de destruirla, él intenta  que el amor no se dé. Las familias son esta Iglesia doméstica. Los esposos son pecadores, como todo el mundo, intentan sin embargo ir adelante con la fe, con su fecundidad, con los hijos, con la fe de los hijos, el Señor la bendice, la fortifica en esta crisis en la que el diablo quiere destruirla” (Papa Francisco a la XXXVII Convocatoria Nacional de la Renovación en el Espíritu Santo, Junio 1, 2014).
Muchos santos han dicho que la familia es semillero de vocaciones.  Sobre esto nos habla el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) cuando nos dice: “En nuestros días, en un mundo frecuentemente extraño e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faro de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, Ecclesia Doméstica.  En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada” (CIC # 1656). 
Cuantas veces solemos escuchar padres que dicen que les gustaría que sus hijos sean sacerdotes, religiosos(as) y esto es algo muy bueno y meritorio.  Pero se nos olvida el matrimonio también es una vocación que el mismo Dios nos presenta en nuestras vidas.  Para que las vocaciones florezcan la familia debe entrar en esa experiencia y relación con Dios y con la Iglesia.  De esta forma los hijos se irán animando a buscar su propia vocación sea cual sea.
Ahora bien, la familia que sigue fiel a lo que enseña la Santa Iglesia Católica lleva una vida navegando en los sacramentos.  Pero como he dicho antes “nadie puede dar lo que no tiene”.  Por eso es de vital importancia que los padres de familia que están llamados a ser los primeros catequistas de sus hijos no solo de palabra sino más importante aún con su buen testimonio de vida cristiana se vayan reeducando en la fe católica.  Para esto hace falta tener lo que la Iglesia llama “formación permanente”.  Muchos grupos apostólicos dentro de la diócesis y las parroquias tienen su plan de formación los cuales se pueden integrar al matrimonio y a las familias.
Como padres estamos llamados no solo a conocer lo que significa la palabra sacramento (del latín Sacramentum o sea momento sagrado) sino más bien saber que implica para la vida de los cristianos.  Por eso la Iglesia nos enseña que los sacramentos son “signos sensibles y palpables que nos dan la gracia (santificante y sacramental) instituidos por Jesucristo para nuestra salvación”.  En otras palabras los sacramentos son signos visibles de una realidad invisible la cual es mucho más grande y trascendente que el mismo signo visible. 
Resumiendo sobre el tema de los sacramentos el CIC nos dice: “Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento. Dan fruto en quienes los reciben con las disposiciones requeridas” (CIC # 1131).
El CIC haciendo referencia a la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino (Dominico & Doctor de la Iglesia) nos dice que: “Los siete sacramentos corresponden a todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida de fe de los cristianos.  Hay aquí una cierta semejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual” (CIC # 1210).   En este sentido es muy saludable espiritualmente hablando cultivar junto a la vida de oración también una vida sacramental.
La Iglesia divide los sacramentos en tres categorías.  Primero tenemos los Sacramentos de Iniciación Cristiana y estos son el bautismo, la confirmación y la comunión.   Luego tenemos los Sacramentos de Sanación cuyos sacramentos son la Penitencia y la Unción de Enfermos.  Por ultimo tenemos los Sacramentos al servicio de la comunidad cuyos sacramentos son el Orden Sacerdotal (con sus tres grados diaconado, presbiterado, y episcopado) y el Matrimonio. 
Estos últimos dos son sacramentos que adquirimos por vocación o sea porque Dios nos llama a la Ministerio Ordenado o a la Vida Matrimonial.
Es de suma importancia reflexionar sobre la correlación entre los Sacramentos y la Iglesia.  Con los Sacramentos se forma la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.  Los sacramentos nos encaminan a la salvación por medio de la acción del Espíritu Santo. 
Con el Bautismo se engendran y agregan nuevos miembros a la vida sobrenatural de ese Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.  Con la Confirmación se robustecen los cristianos para ser “miles Christus” (= soldados de Cristo).   Con la Eucaristía (= acción de gracias) nos nutrimos y nos vigorizamos, nos unimos más íntimamente a Cristo, para participar con mayor eficacia de la vida del Cuerpo Eclesial. 
Con la Penitencia se nos restaura la Gracia (Don de Dios), si la hubiéramos perdido con heridas y pecados mortales; y nos purificamos de la viscosidad (pecado venial), para que la vida espiritual penetre y circule libremente en nuestro ser tanto personal como comunitario.  Con la Unción de los enfermos se fortalecen los miembros enfermos y sanan de las consecuencias del pecado.
Con el Orden Sacerdotal se crean ministros para que obren en el nombre y la persona de Cristo (in persona Christi) ante su pueblo.  Con el Matrimonio se santifica la unión conyugal y se forma la base para la familia que es la iglesia doméstica.
Los sacramentos nos adentrarán más y más en el Cuerpo de Cristo, adquiriendo en El una nueva situación eclesial cada vez más interior.  Los sacramentos son la manera de participar mejor de los bienes comunitarios que hay en la Iglesia disponibles para continuar el Plan de la Salvación de Dios para con los hombres.
Como catequista de adultos que soy desde hace más de 30 años he tenido la gracia y la oportunidad de ser formador de clases pre-bautismales.  En mi parroquia por ejemplo la formación se realiza los primeros sábados de cada mes.  Cada primer sábado toman dichas clases un promedio de 180 padres y padrinos.   Pueden que haya parroquias que sobrepasen esta cifra por mucho.
La primera pregunta que yo suelo hacerle a los padres y padrinos de estas clases de formación es ¿Qué le están pidiendo ustedes a la Iglesia?  Es de vital transcendencia que tanto padres como padrinos tengan clara esta pregunta pero más aún su respuesta.  Sin duda muchos de nosotros podríamos contestar correctamente dicha pregunta.  Pero el propósito no es contestar bien esta pregunta como tal sino más bien concientizarnos de la importancia de los sacramentos en especial el Bautismo como sacramento nos abre las puertas de la salvación entre otras cosas.
La Iglesia tanto en el CIC como en la Constitución Dogmática Lumen Gentium (LG) del Concilio Vaticano II nos enseña que la Eucaristía es la fuente y culmen de la vida cristiana (ver CIC # 1324 & LG # 11).   Nos podríamos preguntar ¿Por qué distintos nombres para un mismo sacramento? Al leer los Hechos de los Apóstoles vemos los primeros nombres para la Eucaristía lo eran la Fracción del Pan y la Cena del Señor (ver Hech. 2, 42; Hech. 20, 7; 1ª Cor. 10, 16-17;    La palabra Eucaristía nos viene del griego y significa acción de gracia.
Un día un hermano que yo estaba esperando que volviera al seno de la Iglesia (dije estaba porque ya retorno a la Iglesia Católica) me dijo “yo no sé de dónde ustedes los católicos inventaron la palabra eucaristía”.  Le explique su origen (del griego) y significado acción de gracia.  Le dije y te voy a retar porque está en la Biblia.   Yo le dije busca en tu Biblia Reina-Valera el Evangelio de San Mateo 26, 26-29.  Le dije léeme el versículo 27 de ese texto.  El mismo dice: “Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dijo, Bebed de ella todos” (Mt. 26, 27 Biblia Reina-Valera Revisión 1960).   Le indique a mi hermano esperado (en ese entonces) que los primeros cristianos hablaban el griego koiné (= del pueblo).  En su celebración de la Cena del Señor dominical cuando iban a pronunciar esta parte por acción de gracias lo que decían era “eucharistía” o sea eucaristía (en español). 
La palabra Misa nos viene del latín.  Esta palabra (misa) y la palabra misión tienen la misma raíz etimológica (origen de las palabras) y ambas significan “ser enviado”.  Cuando se daba y se da (porque se puede celebrar en latín) al final el sacerdote decía “Ite Missa est” que en español es “pueden irse en paz”.  Nos debemos preguntar ¿irnos en paz a qué? Los primeros cristianos una vez concluida la Cena del Señor literalmente salían a evangelizar y a catequizar.  A eso es lo que estamos llamados no solo de palabras (cuando podamos es nuestro deber hacerlo) sino más bien con nuestro buen testimonio de vida cristiana.
San Juan Pablo II en su Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistía (EE) nos presenta la íntima relación que hay entre la Eucaristía y María Santísima.  Esta ya no es una simple relación madre-hijo y viceversa.    “María, con toda su vida junto a Cristo y no solamente en el Calvario, hizo suya la dimensión sacrificial de la Eucaristía. Cuando llevó al niño Jesús al templo de Jerusalén ‘para presentarle al Señor’ (Lc 2, 22), oyó anunciar al anciano Simeón que aquel niño sería ‘señal de contradicción’ y también que una ‘espada’ traspasaría su propia alma (cf. Lc 2, 34.35). Se preanunciaba así el drama del Hijo crucificado y, en cierto modo, se prefiguraba el ’stabat Mater’ de la Virgen al pie de la Cruz. Preparándose día a día para el Calvario, María vive una especie de ‘Eucaristía anticipada’ se podría decir, una ‘comunión espiritual’ de deseo y ofrecimiento, que culminará en la unión con el Hijo en la pasión y se manifestará después, en el período postpascual, en su participación en la celebración eucarística, presidida por los Apóstoles, como ‘memorial’ de la pasión” (EE # 55).  
Esta relación de la Virgen María con la Eucaristía y por ende con la Iglesia tiene un sello indeleble (= que no se borra) que se expresa muy claro en la exhortación que ella nos da a todos los cristianos “hagan lo que Él les diga” (Jn. 2, 5).
Nuestra condición pecadora nos hace ir nadando hasta llegar al puerto seguro del Sacramento de la Reconciliación.  El Señor le dio la potestad de personar los pecados a sus Apóstoles.  Como muy sabiamente decía mi abuelita “los apóstoles sabían que ellos no eran de piedra (aunque Pedro es la piedra donde se sostiene la Iglesia) y por lo tanto sabían que no iban a durar toda la vida por lo tanto tenían que darle esa potestad que le dio el Señor a otros”.  Esos otros se llaman obispos (= administrador) quien son los sucesores de los apóstoles.  Estos a su vez le dan la potestad por la imposición de las manos en el Sacramento del Orden Sacerdotal a los presbíteros (= sacerdotes).  De esta forma padres estamos llamados a ser testimonios vivos para nuestros hijos.  Si mis hijos nunca me ven recibiendo la Reconciliación los más seguro es que ellos tampoco se motiven a recibirla.
Una de las obras de misericordia corporales es visitar al enfermo.  Las diócesis y las parroquias o sea toda la comunidad eclesial esta llamada de una forma u otra al cuidado pastoral de los enfermos.    Hay dos textos bíblicos que son fundamentales para entender este sacramento.  San Marcos hablando sobre la misión que Jesús les dio a los 12 Apóstoles nos dice: “y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc. 6, 13).   La Carta de Santiago es la carta por excelencia del Sacramento de la Unción de los Enfermos.  Este nos dice: “¿Está enfermo alguno entre ustedes? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con oleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor hará que se levante; y si hubiere cometido pecados, les serán perdonados” (Sant. 5, 14-15).
Es muy común escuchar a sacerdotes quejarse porque los llaman al último momento cuando ya está por morir la persona.  Antes del Concilio Vaticano II el nombre de este sacramento era la Extrema Unción de los Enfermos.  Los Padres Conciliares bajo la asistencia del Espíritu Santo entendieron que hay porque esperar al último momento para recibir este sacramento.   Desde el Vaticano II el nombre de este sacramento cambio a la Unción de los Enfermos. 
Yo he estado varias veces en el hospital (por operaciones de la espalda entre otras cosas)  mi última Unción de los Enfermos fue hace varias semanas atrás  y llegue a la oficina del sacerdote.  De hecho de las siete veces que he recibido este sacramento esa fue la segunda vez que yo fui a la oficina del sacerdote a recibir la Unción de los Enfermos.  Por caridad fraterna en Cristo Jesús les pido que si tienen a una persona enferma en su casa (que este bautizada) no esperen a última hora para llamar al sacerdote.
Como padres y administradores de la familia a la cual Dios nos ha llamado es nuestro deber buscar el bien común de la familia tanto en lo material como en lo espiritual.  La Iglesia se nutre de la Iglesia Domestica y al mismo tiempo la Iglesia Domestica (familia) está llamada a nutrirse de la Iglesia.  Recordemos esto solo puede ser posible por la acción del Espíritu Santo.  Hay una expresión que aprendí de niño que dice: “la familia que reza unida permanece unida”.  Este fue el lema que más se ha usado para la difusión del Santo Rosario.
Pidamos a la Sagrada Familia José, María y Jesús que intercedan por las familias.  ¡Que intercedan por tu familia, por nuestras familias y por mi familia!  Que así nos ayude Dios.
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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