Anawim Ministry Inc. (Ministerio Anawim Inc.)

Curriculum y Historial de Pastoral

CdeA (Catequesis de Adultos)

6 dic. 2015

El Matrimonio más allá del Sacramento una Institución…

¿Qué sucedería si carretera principal donde cada uno de nosotros vivimos quitan los signos o señales de tránsito?  Seguramente diríamos que todo se volvería un caos y dejaría de haber orden en las carreteras.  Lamentablemente esto ha sucedido con la Iglesia Católica en especial desde el Concilio Vaticano II.   ¿Veamos cómo y el porqué de esto?
Quiero que me entiendan muy bien, aquí no estoy implicando ni diciendo que el concilio estuvo o está mal, de ninguna manera, ya que todo lo que nació y se concluyó (o sea todos sus documentos) en el concilio es obra del Espíritu Santo. Ya que eso es materia de fe, el creer que el Espíritu Santo obra y actúa en el concilio, en cada uno de los concilios en la Iglesia.  A lo que me refiero es la implementación en muchas áreas de la pastoral y la vida de la Iglesia no fue la más adecuada.
Una de las áreas donde más ha sufrido las consecuencias es el Matrimonio (tanto la formación y catequesis para este sacramento como la pobre o ninguna post-formación y pastoral dirigida al matrimonio y a la familia) y por ende las familias.  Más adelante abundare en más detalles sobre esto.
Aunque uno de los propósitos del Concilio Vaticano II era adaptarse o ponerse al día a la Iglesia a estos tiempos modernos sin duda alguna en muchas de las esferas de la Iglesia se perdió la brújula que debía mantener apropiadamente la ruta del aggiornamento en la Iglesia.  Estar al día es precisamente el significado de la palabra italiana aggiornamento que se hizo muy famosa desde los inicios del Concilio Vaticano II.  Pero muchos en la Iglesia malinterpretaron tanto lo que San Juan XXIII como el Beato Pablo VI se referían con este concepto de aggiornamento. 
Se quería “modernizar” o poner al día a la Iglesia sin comprometer su doctrina que ha sido parte de la Iglesia desde los tiempos apostólicos.  “Este sacrosanto Concilio se propone acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia.  Por eso cree que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia” (Constitución Sacrosanctum Concilium [SC] sobre la Sagrada Liturgia # 1).
Hay una expresión que dice: “que no es lo que se diga sino como se diga”.  Podríamos decir que algo similar sucedió con la Iglesia concerniente a este tópico que he estado discutiendo.  No es lo que se haga sino más bien como se haga que va determinar si se hizo bien o mal, si trajo beneficio o perjudico a la Iglesia y su misión establecida por el mismo Jesucristo.
Muchos quisieron modernizar la Iglesia de tal forma que nos ha sucedido en la Iglesia como el Pueblo de Israel cuando le estaba pidiendo al Profeta Samuel y a Dios que querían a un rey para parecerse a las naciones vecinas (leer 1ªSam. Cap. 8).  Muchos en la Iglesia quisieron parecerse o asimilar muchas cosas dentro de la sociedad.  Esto sin duda alguna hay dejando grandes y graves consecuencias que actualmente estamos viviendo en “carne viva”.
El Sacramento del Matrimonio siempre ha tenido símbolos y signos por los cuales la Iglesia no ha ido catequizando y educando en materias de fe, moral y tradiciones cristianas en todo lo concerniente a este grandioso sacramento.  Hay que entender que el Matrimonio además de ser un sacramento y un Sacramento de Servicio a la Comunidad eclesial (y hasta no eclesial) además desde antes de ser sacramento es una institución fundada por el mismo Dios.  Esto es algo que muchas veces solemos pasar por alto.
Para esto vayamos a la Palabra de Dios: “Dijo Yahvé Dios: ‘No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada’.  Y Yahvé Dios formó del suelo a todos los animales del campo y a todas las aves del cielo, y los llevó ante el hombre para ver como los llamaba y para que cada ser viviente tuviera el nombre el que el hombre le diera.  El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a los animales del campo más para el hombre  no encontró una ayuda adecuada.  Entonces Yahvé hizo caer un profundo sueño sobre el hombre que se quedó dormido.  Y le quito una de sus costillas, rellenando el vacío con carne.  De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre.  Entonces este exclamó: ‘Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne.  Esta será llamada mujer porque del varón ha sido tomada’.  Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.  Estaban ambos desnudos, hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro” (Gn. 2, 18-25).
Aquí hay varios puntos que serían muy convenientes explicar. 
“No es bueno que el hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda adecuada” (Gn. 2, 18).  La mujer no es un objeto o “juguete” que usamos o desechamos por puro capricho.  En el matrimonio ambos el hombre y la mujer se complementan uno al otro.  Hay ciertas áreas que la mujer “tendrá las de ganar” por su propia y particular naturaleza que le hace más afín a ciertas áreas y viceversa.  
“Y le quito una de sus costillas, rellenando el vacío con carne.  De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre” (Gn. 2, 21-22).   Si nos fijamos veremos que Dios aquí hizo mucho más que extraer a la mujer de la costilla del hombre.  El autor bíblico nos está diciendo que la mujer posee una dignidad que no es mayor ni menor que la del hombre por el contrario es igual a la del hombre.   Es muy sabio el (o la) que dijo: “la mujer es sacada del hombre y el hombre nace de la mujer”.  Notemos que la mujer no salió de la cabeza (altura) ni de los pies (lo mas bajo) del hombre sino de la costilla que esta (aproximadamente) en la mitad del cuerpo del hombre. 
Aquí no se está hablando de una “cirugía” como algunos han querido implicar.  Sino más bien tiene un significado alegórico o simbólico para indicar su dignidad y función que reclama ser honrada (al igual que con el hombre), que tiene sus méritos y necesitan ser reconocidos (al igual que con el hombre).  Como ya mencione la pareja se complementa uno al otro, o sea que no hay ninguna razón porque ser reducidas sus identidades.  O sea la mujer es mujer y el hombre es hombre hay cosas propias para la mujer y cosas propias para el hombre que llevadas a cabo con toda integridad no quitan la honorabilidad sino que más bien la realzan.
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne (Gn. 2, 24).  Me acuerdo ya de adolescente (teenager) que mi padre me solía decir: “el que se casa para su casa”.  En otras palabras el que se quiera casar debe irse a vivir a su propia casa.  Aquí una sola carne no solo es el hombre y la mujer que este sacramento realmente se hacen uno.   Pero además de esto implica la separación de los padres (que ya son una sola carne) para formar esa nueva y única carne.
Podemos apreciar que San Pablo nos da una excelente catequesis en este aspecto.  Hay dos textos que quisiera usar como referencia sobre lo que estoy mencionando.  En la Carta a los Colonenses se nos dice: “Esposas, sométanse a sus maridos como conviene entre cristianos.  Maridos, amen a sus esposas y no les amarguen la vida” (Col. 3, 18-19).  En forma similar nos dice la Carta a los Efesios: “Sométanse así las esposas a sus maridos, como al Señor.  El hombre es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia, Cuerpo suyo, del cual es asimismo Salvador.  Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido, como la Iglesia se somete a Cristo” (Ef. 5, 22-24).
Esto más claro no puede ser pero quisiera abundar un poco más.  Aunque textualmente dice de la mujer que se someta y como nos dice en Efesios como la Iglesia lo hace hacia Cristo.  Aquí más bien es un doble sometimiento del que se nos habla.  Ya que aunque les dice a los hombres textualmente que amen a las mujeres cuando uno ama a la otra persona en cierto sentido se está sometiendo a la otra persona.  Porque como dice la canción: “amar es entregarse olvidándose de si buscando lo que al otro pueda hacer feliz.  ¡Qué lindo es vivir para amar que grande es tener para dar! Dar alegría y felicidad darse a uno mismo eso es amar”.  Al someternos nos estamos dando mutuamente.  Como consecuencia someterse mutuamente es amarse recíprocamente y solidariamente.
Ese texto bíblico del Libro del Génesis (Gn. 2, 18-25) nos deja ver algo mucho más trascendente y es que el Matrimonio antes de ser sacramento ya era una institución.  Por eso el matrimonio como institución desde la creación es designio y voluntad de Dios quien creo a los seres que forman parte del matrimonio como hombre y mujer.  Esto la Iglesia lo reconoce (siempre lo ha hecho y siempre lo hará) y con mayor razón defiende la dignidad y sacralidad del matrimonio tan como Dios lo ha concebido.
Para definir lo que es una institución me permito copiar textualmente del Wikipedia.  “El término ‘institución’, etimológicamente, comparte raíz con instrucción, instructor, institutriz e instituto. Muchas instituciones son organizaciones formalmente establecidas, aunque otras no; ni siquiera tienen por qué corresponderse con un lugar físico, extendiéndose a las normas de conducta y costumbres consideradas importantes para una sociedad, como las particulares organizaciones formales de gobierno y servicio público, o incluso a hechos sociales contingentes (como el conducir un automóvil por la derecha en unos países y por la izquierda en otros), o al aprecio que se siente por una persona digna de especial respeto y consideración (tal o cual artista o personaje popular es considerado ‘una institución’)” (https://es.wikipedia.org/wiki/Instituci%C3%B3n#cite_note-1).
Quisiera en términos catequéticos explicar que significa esto de que el Matrimonio es una Institución.  El Matrimonio que además de sacramento es una institución inclusive es una institución mucho antes que fuera sacramento o sea desde la misma creación.  Este siempre ha sido, es y lo será siempre parte del plan de Dios. 
Esto queda acentuado de esta manera y el mismo Libro del Génesis (ver Gn. 2, 18-25) que así lo demuestra. “De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su ‘misterio’, de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación ‘en el Señor’ (1 Co 7, 39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf. Ef. 5, 31-32)” (CIC # 1602).  En este sentido podemos decir y sin temor a equivocarnos que el Matrimonio tanto como Institución y Sacramento es propiedad intelectual de Dios y que nació de su infinito amor y predilección por la máxima obra de su creación que somos nosotros los seres humanos.
Ahora bien que implica que el Matrimonio es una Institución.  Sabemos que muchas o la mayoría de las religiones que han existidos y existen actualmente, aunque de forma indirecta, han aceptado la voluntad de Dios de que el matrimonio fuera creado para el hombre y la mujer.  Además de que este se viera y sea visto con fines procreativos y por ende pro familia.  Más aún está comprobado que en la antigüedad muchas de las culturas que favorecían la monogamia no existía el divorcio.  Este últimos comenzó a ser parte de las culturas asiáticas, medio oriente, y africanas entre otras desde el siglo XIX con la llegada se las colonizadores accidentales.
Hay varios casos que quisiera exponer para que entendamos esto con mayor claridad.  Para comenzar a este punto ya estamos claros que la Iglesia reconoce el Matrimonio no solo como Sacramento sino también como institución. 
Quisiera exponer algunas situaciones o casos hipotéticos usando como ejemplos a nuestros “primos de la práctica religiosa monoteísta” como lo son nuestros hermanos judíos que practican el Judaísmo y con árabes (u otras naciones del medio oriente) que practican y creen en la monogamia dentro del Islam (ya hay grupos dentro del Islam que practican la poligamia).  Si una persona dentro de los esposos de algunas de estas religiones nacidas de la fe en Abraham (Judaísmo o Islam) se convierte al Catolicismo y ya estaban casados, estas parejas no pueden pedir que se les casen con otra persona (por ejemplo que sea católica).  La Iglesia no lo va aceptar porque reconoce ya existía un vínculo matrimonial.  Además la Iglesia reconoce y estima el carácter institucional de este primer matrimonio que se originó en su pasada práctica religiosa.
Veamos otra variante que aunque sea similar pero como ya mencione con una diferenciación.  Supongamos que esta vez se convierte al Catolicismo solo una persona de la pareja y esta persona y era protestante.  Quien se convirtió a la Iglesia Católica si pide que se le admita el Matrimonio con otra persona que no sea la persona original del primer vínculo matrimonial la Iglesia no va aceptar.  La Iglesia reconoce el valor institucional del matrimonio (igualmente lo hace con otras religiones tales como el Budismo, Hinduismo, o el Confucianismo entre otras) en las iglesia protestantes y estima la buena intención cuando de una forma u otra reconocen que el matrimonio es para toda la vida o como dice el Ritual del Matrimonio “hasta que la muerte los separe”.
La Iglesia si acepta el primer vínculo matrimonial (no como sacramento) como ya he mencionado por su institucionalidad.  Digamos por ejemplo que llevan 10, 20, 30 años de casados y que han sido fieles a ese vínculo matrimonial aunque no fueran cristianos o que eran cristianos de alguna otra denominación antes de su conversión.  La siempre ha reconocido la nobleza con que han acogido los gobiernos y las demás religiones el matrimonio como una institución que esta para unir a la pareja con el vínculo del amor.  Consecuentemente el plan de Dios de se va cumpliendo aunque muchos seres humanos no tengan conciencia de eso.
Jesús discutiendo con los fariseos les daba toda una catequesis sobre el matrimonio (ver Mt. 19, 3-11) y como este estaba desde el principio establecido por Dios.   Dios le da la encomienda al ser humano de “ser fecundo y que se multiplicara” (cf. Gn. 1, 28).  Ese Dios que creo todo lo que tenemos nos da la gran encomienda de ser parte de su creación continuando ese gran legado de Dios.  Seguramente por eso se nos pedirá cuentas el día del juicio. 
El matrimonio llama a ser fecundos no solo cuanto al crecimiento poblacional o en las cosas humanas sino también nos llama a ser fecundos espiritualmente y multiplicarnos en amor que proviene de Dios.  Pero esto solo se puede entender cuando pasamos de lo institucional (que es noble y estimado) en el matrimonio a lo sacramental.  De esta forma buscando a seguir lo que Dios estableció en la creación y lo que reafirma Cristo Jesús en el Evangelio ya no nos quedamos en esa “isla institucional” sino que por la gracia que nos da el sacramento (signo visible y palpable) el matrimonio pasa a ser signo visible y palpable de Cristo cuya vocación es servir a la comunidad eclesial y hasta más allá ya que el servir no tiene fronteras ni barreras. 
Quisiera exponer la experiencia de mi amada esposa y de este su servidor en Cristo Jesús.  Mi esposa tuvo un primer matrimonio civil y por el cual nacieron dos hermosas criaturas (a quienes amo grandemente como si fueran mis hijos; de hecho cuando me refiero a ellos lo hago como mis hijos y no como “hijastros” [esa palabra no está en mi diccionario]).  Después de 20 años de matrimonio por distintas razones ella se divorció de su primer esposo (por lo civil).
Después de todo eso llegue yo al cuadro.  Después del noviazgo decidimos casarnos por la Iglesia Católica.  Yo nunca me había casado ni por lo civil ni por la Iglesia Católica ya que previamente de conocerla a ella estuve 7 años en el seminario descubriendo y discerniendo la vocación religiosa y sacerdotal.  Claro está, descubrí que Dios no me estaba llamado a la vida sacerdotal y religiosa.  Y como suele decir mi esposa: “yo (ella) no lo saque del seminario” de hecho yo la conocí a ella cuando llevaba un poco más de medida década de años fuera del seminario.  Yo no tengo hijos (ni con mi esposa ni con nadie) pero “por la gracia de Dios soy abuelo de cuatro nietos” y el primero de ellos nació el día de mi cumpleaños que más orgullos me puedo sentir, creo que imposible.
En el proceso de completar el expediente y toda la documentación necesaria para el sacramento mi esposa (en ese entonces mi novia) tuvo que presentar la adecuada y requerida documentación de su matrimonio por lo civil y su respectivo divorcio.  Estos documentos fueron enviados por el sacerdote al tribunal eclesiástico (Arquidiócesis de Atlanta, Georgia EEUU).  Lo antes mencionado fue hecho con el propósito de verificar la nulidad y que ella no tuviera ningún impedimento para adquirir el sacramento.  Hasta la fecha con altas y bajas mi esposa y este servidor llevamos 12 años de casados para la Gloria y Honra de Dios.
Mi muy amad@ herman@ si un día recibiste el Sacramento del Matrimonio te pido que tengas presente algo muy importante.  El día que llegaron al altar de Dios no hicieron ustedes un contrato sino por el contrario ustedes realizaron una alianza.  Una alianza con Cristo y con la Iglesia.  Es muy bueno preguntarnos: ¿Qué diferencia hay entre la alianza y el contrato? Primero el contrato se puede romper por distintas razones.  La alianza es para siempre.  
Cuando Dios estableció la alanza con Abraham y con el Pueblo de Israel, estos últimos fallaron muchas veces los términos de la alianza pero Dios permanecía fiel y nunca rompió la alianza.  Cuando la Antigua Alianza llegó a su término Cristo estableció una Nueva Alianza donde nos dice: “les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros.  Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado.  En esto reconocerán todos que son mis discípulos en que se aman unos a otros” (Jn. 13, 34-35).
En eso estriba esta Nueva Alianza en el Amor de Dios quien al derramar su Sangre Preciosa nos redimió.  La Alianza Matrimonial es el fruto de esa Nueva Alianza que Jesucristo nos dejó para los bautizados en la Iglesia.  Pero nos toca a los matrimonios ser fecundo en la alianza realizamos ante Dios en el Altar y con la Iglesia como testigos.
Herman@s tod@s que Dios quien siempre mantiene llenas las tinajas del Vino de la Alianza que es fruto del Divino Amor los guie siempre.  Que les de los dones necesarios para poder siempre encaminar sus vidas en la fecundidad de la vida matrimonial y familiar.  Pero de especial manara que Dios quien además de ser Infinito Amor también es Plena Misericordia los Bendiga Hoy, Mañana y Siempre… Amén. J
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Catequesis de Adultos es presentado a ustedes por este su hermano y servidor Daniel Cáliz. En la misma pretendo ofrecer recursos conforme a la enseñanza de la Iglesia Católica y por ende del Magisterio de la Iglesia. Esperamos que puedan sacar el mejor provecho del material disponible para la catequesis en especial para los adultos.  Recuerda que para conocer y recibir a Cristo nunca es tarde. 

Actualmente soy miembro de la Parroquia San José (St Joseph's Catholic Church) (Dalton, GA) desde el año 2000. Soy Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Además estoy muy involucrado en la Catequesis de Adultos en la parroquia. De igual forma, en la Pastoral Hispana dentro de la parroquia.

Además soy consultor para el Catholic.net en las áreas de catequesis y pastoral hispana en los Estados Unidos.

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